La Gran Encomienda

“… vayan y hagan discípulos de todas las naciones… enseñándoles…”
Mateo 28:19-20 (NVI)

sharing_waterEn estos días recientes, Dios ha estado mostrándome y enseñándome sobre “La Gran Encomienda”. Muchos la conocen como “La Gran Comisión”. Pensando, meditando y compartiendo con mi Dios, me he dado cuenta que esta encomienda en muchas ocasiones se lleva a cabo en forma incompleta porque no se establecen relaciones sino encuentros pasajeros.

Quiero compartir lo que he estado aprendiendo con Dios. Jesús, antes de partir del mundo visible, compartió con sus discípulos que fueran e hicieran discípulos de todas las naciones. Fundamentado en este pasaje, se han creado miles de programas para cumplir con lo que se ha entendido como “La Gran Comisión”. En las iglesias también se promueve el que cada cristiano “tiene” o “debe” salir a “ganar almas” para el reino. Incluso, se hacen cultos “evangelísticos” dentro de los templos con el propósito de que muchos pasen al frente y “acepten” a Cristo. (Yo pensé que los “perdidos” están afuera. “Just a thought.”)

Muchas veces las personas cargan un sentimiento de culpabilidad porque cada vez que viene un evangelista a la iglesia, manipula a las personas preguntando: “¿A cuántos te has ganado para Cristo este año? Si no evangelizas, tú estás mal.” Esta expresión produce vergüenza en la vida de las personas. Yo viví esto y cada vez que preguntaban, yo quería meterme debajo de la silla y tenía que pedir perdón porque no estaba “cumpliendo” con La Gran Comisión.

Ahora, hay varios puntos que quisiera establecer respecto a esta “encomienda”. Primero, debemos entender que los que tienen una relación con Cristo no son “vendedores” de taquillas para el cielo. Usualmente se ha usado el evangelismo como medio para que la gente haga “profesión de fe” o que acepte a Cristo como Salvador. Hay otros que pueden decir que su programa de evangelismo incluye el “discipulado”. Si creemos que el evangelismo es hablar de Jesús como Salvador, que la gente lo acepte y asistan a la “iglesia” a recibir información sobre Dios, creo que eso no era lo que nuestro Señor tenía en mente cuando dijo, “hagan discípulos”.

Segundo, en muchas ocasiones se quiere ofrecer el cielo cuando en la tierra la gente está sufriendo. El hacer discípulos no quiere decir ser insensible a las necesidades de los demás. Jesús suplió las necesidades visibles en la gente para entonces suplir las necesidades espirituales. Él comenzaba una relación usando como base las necesidades porque los seres humanos se identifican mejor con el dolor.

Tercero, esta encomienda no tiene que llevarse a cabo por medio de programas diseñados específicamente para enviar gente al cielo. Yo me acuerdo que cuando yo estudiaba en la universidad pertenecía a un grupo cristiano interdenominacional que servía dos propósitos: edificación mutua del cuerpo de Cristo y compartir a Cristo con los “perdidos”. Se hacían dramas y actividades de evangelismo para ganar gente para Dios, pero ahora me pongo a pensar y tristemente digo que no recuerdo haber conocido a alguien a quien yo le hablé, a menos que hubiera dicho que sí a aceptar la “taquilla celestial” que yo le estaba ofreciendo.

Quisiera impartir una visión fresca sobre el pasaje bíblico antes mencionado. Jesús dijo, “Vayan y hagan discípulos”. En Juan, Jesús les llamó a sus discípulos “amigos”. Quiere decir que si unimos estos dos pasajes, aunque me critiquen los teólogos, Jesús estaba diciendo, “Vayan y hagan amigos”. Claro que un discípulo es uno que aprende de otro, pero esta enseñanza a la cual Jesús se refiere no se da en un salón de clases ni en un programa de cómo lograr que la gente diga que sí al llamado para ir al cielo.

Hacer amigos requiere de tiempo. No somos “vendedores”, somos amigos de Dios que desean hacer más amigos. Los amigos te ayudan en las necesidades presentes. No se enfocan en cuando te mueras, se enfocan en el ahora. Me acuerdo que cuando salíamos a “evangelizar”, le preguntábamos a la gente, “Si te mueres ahora, ¿estás segur@ de que vas para el cielo?” Por favor, una pregunta más relevante sería, “¿Cómo puedo ayudarte ahora?” Esta es la pregunta de los amigos. Jesús se manifiesta por medio de actos de amistad porque Él es Amigo.

No hace falta un programa para hacer amigos. La amistad se da en el contexto de nuestra vida diaria. Yo no me levanto por la mañana y digo, “Hoy voy a hacer tres amigos”. A medida que me relaciono con las personas en las diferentes experiencias cotidianas, se va creando la amistad. Estoy de acuerdo que no es al azar, es intencional. Pero para hacer amigos, tengo que estar conectado con el Amigo. Si comparto con Dios, Él me enseña a ser amigo dondequiera que vaya o esté.

En la medida que seamos amigos con Dios, seremos amigos con los demás. Nadie tiene que decirme que “evangelice” porque cuando soy amigo, estoy evangelizando. En adición, no hay que manipular, ni poner sentimiento de culpa en la gente para que se relacionen con otros. Cada vez que conozco a alguien, no tengo que sacar una confesión, o un acepto a Cristo o una profesión de fe. El que añade a la iglesia es Dios, no somos nosotros. No estamos aquí para ganar almas, sino para ser amigos. Cuando somos amigos, Dios hace amigos.

Por: Javier

Comparte con tus Amig@s:
  • Digg
  • Sphinn
  • del.icio.us
  • Facebook
  • Mixx
  • Google Bookmarks
  • BarraPunto
  • LinkedIn
  • Live
  • MySpace
  • RSS
  • Twitter

Escribe tu comentario