Felizmente Desilusionado
“Cuando Dios habla de promesas nuevas, de pacto nuevo, es porque el nuevo sustituye al viejo ya que está anticuado y que ha sido desechado para siempre.” Hebreos 8:13 (BAD)
Imaginen un matrimonio donde el esposo llega un día, vamos a decir martes, y le dice a la esposa que se prepare que van a salir a comer. Él le solicita que se ponga su mejor vestido. Entonces, él la lleva a un restaurante donde le espera una suculenta cena, música en vivo para “ambientar” el compartir mientras comen, además, le regala una rosa roja con una tarjeta y un mensaje muy amoroso. Ellos pasan una noche excelente.
La semana próxima el esposo llega el mismo día, martes, e invita a su esposa a comer nuevamente. Le pide que se ponga el mejor vestido, la lleva al mismo restaurante a comer la misma comida de la semana anterior, la misma música en vivo, una rosa roja y una tarjeta. Me imagino que la esposa se estará preguntando por qué todo igual a la semana anterior, pero como quiera, disfruta de la velada con su esposo.
Una semana más tarde vuelve a ocurrir el mismo evento de forma similar. Así ocurre semana tras semana, donde puede que se coma algo distinto, con diferente tipo de música, un color de rosa diferente y una tarjeta con un mensaje cambiado, pero, en términos generales, es básicamente lo mismo.
Lo que empezó como un encuentro en una relación muy íntima y agradable, se convierte en una rutina semana tras semana. La relación se muere porque la “rutina” la mató. Así mismo ha ocurrido en la iglesias. Estoy seguro que hay mucha gente que se ha aburrido de lo “mismo” en la iglesia, pero no se han atrevido a decir o actuar en contra de lo establecido porque si no, “el juicio de Dios le cae encima”.
Realmente, Dios nos llamó para que tuviéramos una relación amorosa y creciente con Él. Sin embargo, lo que comenzó como una relación maravillosa con nuestro Dios, se ha convertido en una rutina semanal. Yo estoy seguro que algunos de los que leen este artículo se han sentido o se sienten desilusionados con la rutina religiosa evangélica, pero no han hecho nada al respecto porque es lo que se ha conocido por siempre. “Ir en contra de lo establecido por tantos siglos no puede ser de Dios”, dirán algunos. La realidad es que Dios siempre ha querido tener una relación fresca y nueva con sus hij@s todo el tiempo.
Los programas, los ministerios, los cultos especiales son algunas de las formas de tratar de llenar el vacío de relación en la vida de los que “asisten” a la iglesia. Se le ha dado más importancia a la doctrina que a la relación. En defensa de la doctrina se han marcado y dañado personas porque “no hay nada más importante” que la doctrina. Esto es falso, lo más importante es la relación. Una relación que se va desarrollando sin manipulación o vergüenza donde Dios va creciendo en la vida de uno y por consecuencia, la relación con los demás va desarrollándose en amor, no en control ni manipulación.
Lo único que tenemos que hacer es ver que en las iglesias hay más divorcios que nunca, hay iglesias grandísimas que lo que impera es la desunión, la envidia, la indiferencia. Sin embargo, como hay tantos programas y actividades, estas cosas se pueden esconder debajo de la alfombra y “nadie” se da cuenta porque se funciona sin tener relación. Si nadie se atreve a decir esto, yo me atrevo porque fui parte de esta experiencia y lo único que logró en mí fue alejamiento de mi Dios por causa de la “productividad”.
El cuerpo de Cristo es edificado por Él mismo a medida que sus miembros aprenden a relacionarse en amor dondequiera que se encuentran, sin la necesidad del “mejor vestido”, “la mejor música”, “la mejor rosa” o “la mejor carta con el mejor mensaje”. Sólo hace falta la disposición de querer conocer y relacionarse sin el impulso de controlar la relación o las decisiones que se toman en la misma.
Jesús aprovechó cada oportunidad para relacionarse con la gente y suplir sus necesidades sin querer controlar sus vidas usando la manipulación. El amor de Dios aprovecha cada oportunidad para tocar las vidas con quien tiene contacto sin una motivación ulterior, sólo amar.
Como pastor, siempre oraba y buscaba la forma de cómo podía suplir las necesidades de los que asistían a los servicios semana tras semana. Es como el que cocina y quiere variar el menú del día. La realidad es que yo no tenía que hacer eso porque el menú lo va a preparar el Señor y el lugar de reunión también lo determina Él día a día. Mi única función es estar en sintonía con Él para saber cuándo y dónde.
Muchos no pueden entender lo que yo digo porque va en contra de lo establecido por los hombres hace mucho tiempo y es lo único que se ha conocido en la iglesia. La verdad es que la vida de relación con Dios y la iglesia dondequiera que uno está, es realmente una vida de libertad y gozo diario donde “la rutina” es una palabra que no existe, sino expectativa, disfrute y amor son la orden del día.
Quiero compartir con gozo y libertad que hoy vivo “Felizmente Desilusionado” porque la desilusión de la rutina eclesiástica me ha llevado a conocer a Dios como nunca antes y Su vida de relación me ha llevado a disfrutar y relacionarme con los demás como ellos son. A Dios sea la gloria.
Por: Javier



