Señor, ¿Qué Hago?

Al corazón quebrantado y contrito, oh Dios, no lo despreciarás tú.” Salmo 51:17 (BAD)

wavesEn una ocasión, según Marcos 10, a Jesús se le acercó un joven rico y le hizo una pregunta muy interesante. Este joven le preguntó, “¿Qué debo hacer para heredar la vida eterna?” Inmediatamente Jesús baja al nivel de este joven y se refiere a la ley o los mandamientos. El joven responde inmediatamente que desde pequeño ha cumplido todos los mandamientos. (Eso no era cierto.)

Sabemos que es imposible que una persona cumpla con toda la ley, pero aun así, Jesús no lo desmintió sino que lo llevó al punto donde el joven tuvo que admitir que no podría hacer todo lo que se le requeriría. Jesús le pide que venda todas sus posesiones y se las diera a los pobres. Esta petición desanimó y entristeció al joven porque él sabía que no podría cumplir con la misma. Probablemente pensó que heredar la vida eterna sería imposible. De hecho, los discípulos de Jesús afirmaron que sería imposible salvarse si ese era un requisito. Claro, Jesús quería darle una enseñanza mucho más profunda, pero ellos no lo habían entendido todavía.

Quiero hacer un contraste entre esta experiencia del joven rico y otra experiencia relatada en el mismo capítulo de Marcos.

Jesús va caminando por el camino cuando empieza a escuchar a alguien gritar, “Hijo de David, ten misericordia de mí”. Jesús se detiene y manda a llamar a quien lo estaba llamando. Era Bartimeo, un hombre ciego que no tenía ninguna esperanza tirado junto al camino, pero llamaba a Jesús con todos sus pulmones, aun cuando la multitud lo reprendía y le insistía que se callara.

Bartimeo se acerca con la ayuda de algunos y Jesús le pregunta, “¿Qué quieres que (yo)* haga por ti?” Bartimeo le contesta, “Quiero recobrar la vista”. Inmediatamente, Jesús le sana y Bartimeo se va junto a Jesús por el camino.

Es muy interesante ver como esta dos historias contrastan una con la otra. En la primera, vemos el deseo del hombre de hacer para “ganarse” el favor de Dios. En la segunda, vemos la gracia de Dios obrando a favor del hombre por amor.

Much@s están acostumbrados a hacer cosas para convencer a Dios de obrar a favor de ell@s. De hecho, en el sistema religioso eclesiástico, se promueve el que tu hagas más cosas para que te ganes la bendición. Mientras más pidas, más recibes; mientras más leas, más bendición de Dios vendrá a tu vida; mientras más asistas al culto, menos problemas tendrás; y así por el estilo.

Es una cultura de hacer para que Dios haga. Muchas veces haciendo, pensamos que tenemos el derecho de exigirle a Dios que obre a favor nuestro. No debemos olvidar que un corazón contrito y humillado, Dios no lo desprecia. Bartimeo se acercó con humildad reconociendo su incapacidad ante la situación que llevaba por años. Entonces, Jesús pregunta qué puede hacer por él.

Cuando tratamos de actuar o hacer para alcanzar la bendición con nuestras fuerzas, terminamos entristecidos porque nos damos cuenta que no podemos. Por el contrario, cuando nos humillamos y reconocemos que no podemos actuar sin Dios, Él es quien actúa a favor de nosotros.

¿Hay situaciones difíciles a tu alrededor hoy? No trates de salir de ellas con tus fuerzas, humíllate ante tu Dios y Él te sacará sin que tengas que esforzarte, sólo confía. Amén.

Por: Javier

*Añadido.

Comparte con tus Amig@s:
  • Digg
  • Sphinn
  • del.icio.us
  • Facebook
  • Mixx
  • Google Bookmarks
  • BarraPunto
  • LinkedIn
  • Live
  • MySpace
  • RSS
  • Twitter

One Response to “Señor, ¿Qué Hago?”

  1. Henrry Wilbert Says:

    Es verdad nos sucede muchas veces,queremos ver solucionado algún problema y pedimos al señor nos ayude a solucionar y creo que lo mas indicado es humillarnos al señor y no dejarnos segar por el ya.
    Cuantas personas tenemos a diario infinidad de problemas y solo sabemos pedir ayuda señor ayúdame y creo que no es el camino

Escribe tu comentario