Año Nuevo, Mente Nueva

Posted by on Ene 9, 2013 in Artículos por Javier, Vida Práctica | 0 comments

El tiempo se ha cumplido,” decía, “y el reino de Dios se ha acercado; arrepiéntanse y crean en el evangelio.” Marcos 1:15 (NBLH)

Entonces les abrió la mente para que comprendieran las Escrituras, y les dijo: “Así está escrito, que el Cristo (el Mesías) padecerá y resucitará de entre los muertos al tercer día; y que en Su nombre se predicará el arrepentimiento para el perdón de los pecados a todas las naciones…” Lucas 24:45-47 (NBLH)

En estos días pensaba y meditaba cómo en cada comienzo de año las personas están optimistas sobre lo que acontecerá en el mismo. Muchos hacen resoluciones de cosas que lograrán. Otros esperan que las cosas positivas “lleguen” a ellos durante el nuevo año. Hay otros que “declaran” las bendiciones que recibirán.

Es admirable el aire de positivismo que se respira y se comparte con entusiasmo durante los primeros días y primeras semanas del año. Lamentablemente para muchos, ese sentir o forma de pensar dura muy poco. Se anhelan cosas nuevas, pero con métodos viejos. Se desean las mejores bendiciones, pero con las viejas tradiciones.

En el primer verso, Jesús comparte una frase muy rica en su contexto. Establece que el tiempo se ha cumplido. Hablaba sobre su encarnación. El momento cuando el tiempo se abrió y la gloria invisible de Dios se manifestó en nuestro ámbito visible.

Él dijo, “el reino de Dios se ha acercado.” Los primeros padres de la iglesia hablaban lo que en griego se denomina como “autobasileia“. El reino en sí mismo. Dondequiera que estaba el rey, ahí estaba el reino. La presencia del rey determinaba donde estaba el reino. Eran inseparables uno del otro.

En Jesús se cumple el reino en sí mismo. El reino de Dios se había acercado porque se había encarnado el Rey y estaba en medio de ellos. El reino de Dios habla de la presencia gobernante de Dios en nosotros.

Para que podamos disfrutar de cambios profundos y duraderos en nuestras vidas es necesario que el reino sea palpable. La presencia del Rey en el interior nuestro es una necesidad, no es un capricho ni una fórmula para la bendición. Su presencia nos permite disfrutar de los beneficios del reino.

No quiero enfocarme en esos beneficios porque si no, no terminaría. Pero una cosa es segura, esos beneficios trascienden lo mejor que podamos obtener en esta tierra.

Volviendo al verso, inmediatamente Jesús habla de arrepentirse. La palabra griega utilizada es “metanoia“. Esta palabra quiere decir literalmente “cambio de mente“. Esta palabra se ha usado en los círculos evangélicos por mucho tiempo para llevar a las personas a pedir perdón.

Este ha sido un uso limitado de lo que quiere decir realmente. Hay diccionarios que definen la palabra en una forma más profunda. No quiero aburrirlos con definiciones, pero creo que es importante para poder entender el mensaje en su contexto. “Metanoia” es una palabra compuesta que se divide en “meta” que algunos diccionarios griegos la definen como “cambio después de haber estado con” y “noia” que la raíz de la palabra viene de la palabra “mente“.

El cambio que se produce en nuestra mente después de haber estado con Jesús es arrepentimiento. Jesús en el pasaje original dice que “cambien la forma de pensar y crean las buenas noticias.” El conocer, estar, compartir, experimentar y participar de Jesús íntimamente produce un cambio en nuestra mente.

Observen lo que le pasó a los discípulos cuando Jesús se les aparece en el segundo pasaje bíblico en la parte de arriba. Después de Él haber compartido todo lo que las Escrituras decían sobre Él por medio de Moisés, los Salmos y los profetas (Lucas 24:44) les abrió la mente para que entendieran.

El resultado de lo que Él había hecho por medio de su muerte y resurrección produciría arrepentimiento. Era un cambio de mente de tal manera que se empezaría a compartir un hecho realizado, no uno que estaba por realizarse.

El perdón de los pecados no era un hecho que ocurriría cuando alguien lo reconociera, se “arrepintiera” y creyera en Jesús. Esto es un evangelio potencial. Algo que está por ocurrir. Por mucho tiempo, este es el evangelio que se ha predicado y vivido.

Sin embargo, Jesús estableció que la predicación era un cambio de mente para “participar” de aquello que ya se había realizado. El cambio de mente es eso mismo. En vez de hacer algo (arrepentirse) para que se produzca un resultado (perdón de los pecados); es creer algo (cambio de mente) para “participar” de aquello que ya ocurrió (perdón de los pecados).

El cambio en la forma de pensar me permite disfrutar de aquello que Dios diseñó para mi vida ahora. Estamos viviendo, según los seres humanos, tiempos difíciles y de mucha incertidumbre. Esto ha producido que se anhelen y deseen cosas buenas. La situación es que se sigue viviendo de la misma forma.

Se anhelan cambios, pero se sigue viviendo igual. Desafortunadamente los cambios que se dan son estéticos. Se le cambian los nombres a las cosas, pero la sustancia sigue siendo la misma. Las tradiciones en lo que se hace y cómo se vive producen los mismos resultados ineficientes.

Hoy quisiera gritar a los cuatro vientos, “¡El reino de Dios se ha acercado, arrepiéntanse!” ¡Cambien de mente! Queremos nuevos resultados, seamos transformados en nuestra manera de pensar. Permitamos que Dios “abra” nuestra mente al recibir la revelación de nuestro Cristo.

Los cambios por lo general son resistidos por aquellos que no los entienden. Jesús trajo consigo un cambio de la ley al amor y fue crucificado por aquellos que no entendieron el cambio. Sin embargo, para los que creyeron y creen, ese cambio ha sido la transformación de oruga a mariposa más extraordinaria que ha ocurrido.

El cambio en la forma de pensar ha tenido unas repercusiones eternas en la vida de todos aquellos y aquellas que han podido experimentarlo. Su amor nos controla y gobierna en nuestros corazones. Esto nos permite disfrutar Su bendición independientemente de los tiempos.

Es hora de cambiar de un evangelio potencial (lo que Dios puede hacer) a un evangelio real (lo que Dios ya hizo). De esta manera no tendremos que “buscar” la bendición, podremos caminar en ella.

No importa si es año nuevo o década nueva o siglo nuevo, Su presencia en nosotros hace que nuestra mente sea transformada diariamente y participemos de Su bendición. Y esta bendición no está por venir, es un hecho realizado, ya vino a nuestras vidas en la persona de Jesús. Él es mi bendición del año…

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