Binoculares al Revés

Posted by on Abr 12, 2012 in Artículos por Javier, Libertad | 0 comments

Cuando yo era niño a veces me gustaba usar binoculares porque todo se veía bien cerca. Tan cerca se veía todo, que pensaba que si extendía mi brazo mientras miraba por ellos, podría tocar lo que estaba mirando.

Sin embargo, una de las cosas que más me gustaba hacer con ellos era usarlos al revés. Cuando miraba con ellos al revés todo se veía pequeño y bien lejos. A uno le daba la sensación de que aun cuando algo estuviera cerca, se veía lejos. Especialmente ver las caras y cuerpos de las personas distorsionarse. Era divertido.

Los binoculares te ayudan a observar de cerca objetos que están distantes y viceversa si se usan al revés. La realidad es que los objetos no se mueven, el artefacto te da una ilusión visual que parece ser real. ¡Pero que mucho se goza con ellos!

Las tradiciones en el evangelio han hecho que se viva con una ilusión de Dios. Hay muchas prácticas en el cristianismo que están fundamentadas en ilusiones, pero como es lo que se ha enseñado por años, a veces siglos, se cree como verdad aunque no lo sea. Una mentira aunque se repita muchas veces jamás se convertirá en verdad.

Algunos están dispuestos a debatir sobre enseñanzas erradas porque fue lo que aprendieron y para ellos esa es la verdad. Dios desea revelar Su luz y derribar esas enseñanzas que no abonan a una relación íntima con Él.

Dios y yo somos uno

Después que Dios fue procesado por medio de la muerte y resurrección, ocurrió un fenómeno que nunca antes había ocurrido en la historia del ser humano. Jesucristo fue hecho “espíritu que da vida” con el propósito de hacerse uno con todos aquellos que creyeran en Él. (1Corintios 15:45)

Dios no sólo está con sus hijos, Él se hizo uno con ellos. Esta es una verdad demasiado maravillosa como para dejarla pasar por alto. El Creador de todo el universo, galaxias y todo lo que existe decidió hacerse “un espíritu” con nosotros.

Por muchos años el vocabulario que se usa en las congregaciones locales es uno que no afirma esta realidad transformadora. Se siguen usando pasajes del Antiguo Testamento para describir nuestra relación neotestamentaria con Dios.

Parece insignificante, pero es de vital importancia porque se vive en forma contraria al diseño de Dios. La mayoría de los cristianos, si no todos, afirmarían el hecho de que Dios y ellos son uno en Cristo. Pero usualmente se vive como si estuviéramos mirando con los binoculares al revés. Dios está allá en el “cielo” y nosotros acá en la tierra.

Uno de los ejemplos que se usan para refutar lo que estoy compartiendo es la oración de Jesús, “Padre nuestro que estás en el cielo…” Jesús tuvo que orar de esa manera por varias razones. Entre ellas, Él no había muerto y resucitado. Esto hacía que no pudiera enseñarle a sus discípulos la verdad del Padre en Él todavía. Imagínense, el concepto de Dios como padre era totalmente ajeno a su realidad. ¿Qué hubiera sido en ese momento enseñarle el concepto de ser uno con el Padre? Esa oración no aplica a nuestra realidad de vida hoy porque el Padre y yo somos uno. Él en mí y yo en Él.

1 Corintios 6:17 dice, “Pero la persona que se une al Señor es un solo espíritu con él.” Vivir con la ilusión de que Dios está fuera de nosotros afecta nuestro estilo de vida. Dios es nuestra vida y somos uno con Él.

Hay veces que se siente como que Él está fuera de nosotros, especialmente si se vive creyendo que nuestras acciones nos pueden separar de Dios. No hay nada en mí o fuera de mí que pueda hacer que Dios y yo seamos separados. Morris Cerullo dice que toda verdad es paralela. Yo lo creo.

Por eso, si mis acciones no tienen la capacidad de salvarme (somos salvos por gracia por medio de la fe), entonces las acciones no tienen la capacidad de condenarme. Nada me puede separar de Dios, ni mis pecados. Puedo sentir que Él no está cuando peco, pero es una ilusión, como con los binoculares.

Para los que están llegando a conclusiones erradas, yo creo que la vida de Dios en uno lo empuja a rechazar el pecado, pero es una realidad que vamos a pecar mientras estemos en la tierra. El saber y creer que nada me separa de Dios, y es así, me da una seguridad extraordinaria en mi relación con mi Dios. El amor de Dios hacia mí no depende de mis ejecutorias. Su amor y fidelidad van más allá que mis fallas y defectos. (Romanos 8:35-39)

La unión que tenemos con Dios por medio de Cristo es permanente. Esta verdad es demasiado tremenda para mi mente. La ilusión de que Dios y yo estamos separados es eso mismo, una ilusión.

Algunos dirán, “Javier, tú sabes a lo que yo me refiero cuando digo de que Dios está conmigo o que Dios está en el cielo.” Tienen toda la razón, yo sé a qué se refieren. La situación con esa mentalidad es que las palabras tienen significado y el perpetuar la misma no ayuda a que las personas vivan la realidad de la unión con Dios. No es sólo la compañía de Dios lo importante, es la dependencia de Dios. Está correcto decir que Dios está conmigo, pero es más preciso decir que Dios y yo estamos unidos. Somos uno y nada ni nadie podrá cambiar esa verdad.

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *