Artículos por Louise

Artículos escritos por Louise Acevedo

Vacía Tu Clóset

Posted by on Ago 27, 2009 in Artículos por Louise, Libertad | 0 comments

Finalmente, un día me decidí a hacer algo que postergaba por mucho tiempo. Cada vez que lo pensaba me daba grima. Sólo imagina un clóset lleno donde no hay espacio para nada más. Mi sexto sentido me decía que cuando abriera la puerta, me preparara para la avalancha y el entierro que haría historia. ¡¡Uy, qué espanto!! No obstante, tomé la decisión y esta vez no iba a retroceder. Al pararme frente a la puerta me preparé emocionalmente, cerré mis ojos y me dije: “Aquí voy”, y al abrirla (por supuesto por más cautela que tuviera) ¡Cataplum! Lo que sospechaba sucedió. Ni modo, vamos a botar, regalar y a guardar para hacer espacio. Mientras me daba a la tarea tediosa de decidirme qué se queda y qué se va, me enfrento a un problema serio, no quería botar o regalar… “Humm, vamos a ver”. Todo lo que había en el clóset para mí servía y estaba ligado a un recuerdo. ¡Wow! Veo ese traje lindo de 20 años atrás; recuerdos de cuando lucía el cuerpo de guitarra, “Yo sé que voy a rebajar y voy a lucir ese traje otra vez,” me decía. Oh sí, claro que sí, eso es fácil con la mente. La realidad es, cuánto había aumentado de peso, ¡Qué barbaridad! Pues bien, saqué del clóset todas las cosas para clasificarlas, pero el evento terminó en que estaban amontonadas fuera del clóset y no me decidía qué cosas debían salir por la puerta de mi casa. Durante ese dilema, yo siento que el Señor habla a mi corazón y me dice, “Veo que tienes un dilema con vaciar tu clóset y de igual manera así hay muchos que tienen su corazón tan lleno como este clóset y lo que llevan por dentro los entristece, se lastiman y no me dan espacio para dispensarle algo nuevo y fresco en su vida”. De repente hubo un alto, me detuve a escuchar pues no quería perder nada de lo que Dios me comunicaba. Noté que Su voz era dulce y tierna, mezclada con algo de tristeza. Reflexioné en cuanto a las cosas a que nos aferramos en esta vida, un pasado que dejó heridas profundas y nos amargaron sin medida, dolor, resentimiento. Sentimientos que nos traen un terrible peso y la vida se vuelve una espesa neblina donde no podemos ver el camino a la felicidad. Ah, y eso no es todo, para colmo no nos damos cuenta de que hablamos y reflejamos lo que sentimos y como resultado afectamos nuestro entorno. La Biblia dice en Lucas 6:45, “…porque de la abundancia del corazón habla la boca.” Si tenemos paz dentro, eso se refleja en lo que expresamos. Si hay amargura, resentimiento u odio, eso refleja un corazón cargado y deprimido. Dios nos dice en su Palabra que no tenemos ni la menor idea de lo que Él tiene reservado para nosotros. “sino como está escrito, cosa que ojo no vio ni oído oyó, ni han subido al corazón del hombre, son las que Dios ha preparado para los que le aman.” 1 Corintios 2:9 Sus planes son para bien y no para mal. Jeremías 29:11, “Porque yo sé los planes que tengo para vosotros” –declara el Señor– “planes de bienestar y no de calamidad, para daros un futuro y una esperanza.” Dios quiere lo mejor para nosotros, pero tenemos que tomar una decisión de “Vaciar el Clóset” de nuestra vida para hacer espacio para lo nuevo. ¿Qué harás tú al respecto? Vale la pena, ¡¡Vaciar el Closet!! Por: Louise Acevedo...

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Aunque No Veo… ¡Veo!

Posted by on Jul 28, 2009 in Artículos por Louise, Vida Práctica | 0 comments

Que te parece estar frente a la televisión viendo una “entrevista exclusiva” de tu artista favorito, o más bien, si te encuentras viendo una película de suspenso, estupefacto sin tan siquiera pestañear y de repente sale el moderador interrumpiendo la parte más interesante con una pausa comercial, “Quédense con nosotros, que en breve regresamos con la continuación de…..” Si estabas en tu imaginación de viaje a las estrellas, ¡Con la pausa comercial te estrellaron!  Obvio que te incomodes y las protestas se hagan notorias, no es para menos…“Otra vez lo tenían que interrumpir cuando estaba en la parte más emocionante”. Pues bien, de igual modo la vida muchas veces nos trae interrupciones inesperadas. Súbitamente se desata un sinnúmero de cosas no planeadas y  parece que todo está fuera de control… ¿Y ahora qué? Precisamente cuando las cosas van “viento en popa” y todo va en su curso normal y de acuerdo a lo planeado, es entonces cuando el carro se rompe, el niño se enferma, un familiar muere, cuando las cosas están mas apretadas económicamente te dan la noticia del día, “Estás despedido”.  A esto le llamo, “Pausas de la Vida” en donde no sabemos qué va a suceder después y darías cualquier cosa porque todo volviera a la supuesta “normalidad”.  No te has preguntado, “¿Dios, por qué me sucede esto a mí? ¿Acaso no estás viendo lo que está sucediendo en mi vida? ¿Te vas a quedar ahí sin hacer nada? ¿Y por qué no vienes en mi ayuda?” De igual modo me he hecho esas preguntas, especialmente cuando tuve que atravesar por siete (7) cirugías en los ojos. Mi nombre es Louise Acevedo, nací en un hogar cristiano y mis padres fueron pastores por muchos años. A una temprana edad le abrí mi corazón al Dios que mis padres me presentaron y desde mi niñez se despertó en mí el deseo de conocerle a Él. Desde la edad de 3 años mis padres detectaron que tenía serios problemas con la vista.  A esa edad me amarraban los espejuelos que eran del grueso del fondo de una botella. Lo primero que yo hacía en la mañana era ponerme los espejuelos y lo último en la noche era quitármelos. A pesar de ser una niña brillante en lo académico, en lo social y emocional estaba en serias dificultades. No tenía muchas amistades pues los que me rodeaban al verme con impedimentos y limitaciones me marginaban. Me llamaban por nombres degradantes y como resultado fui profundamente lacerada emocionalmente. De este modo fui creciendo llena de complejos e inseguridades, atrapada en mi propio mundo. En la etapa de mi adolescencia ya me había resignado a aceptar las cosas en la forma distorsionada en que las veía. Luchaba contra todo y todos, y buscaba superarme, a pesar de mis temores, buscando significado a la vida.  A la edad de 18 años yo vi mi rostro por primera vez sin espejuelos y, fue en el tiempo en que se usaban lentes de contacto de cristal, me emocioné tanto, me miré al espejo y mientras me tocaba el rostro me decía a mí misma, “¡Así que ésta es Louise!”. Lamentablemente no pasó mucho tiempo cuando me di cuenta que mis ojos no se adaptaban al cristal así que comenzó la pesadilla. Una noche desperté con un dolor fuerte en los ojos y gritando con desesperación buscaba la puerta de mi habitación. Parecía que me atravesaban los ojos con muchos alfileres. Los ojos se hincharon de tal manera que no los podía abrir. Esa noche mis padres, apresurados, me llevaron a la sala de emergencia...

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