Cobrando Conciencia

Posted by on Abr 30, 2012 in Artículos por Javier, Libertad | 0 comments

Es un momento de desespero donde el flujo sanguíneo se acelera de manera súbita. Los pensamientos se descarrilan y transitan a una velocidad extraordinaria. Provocan una gamma de sentimientos que se unen a la fiesta de incertidumbre creando un descontrol casi absoluto en todo nuestro ser.

La espera desespera. Es cierta la incertidumbre. Las noches se alargan sin deseos de que salga el sol. Dormir y descansar se convierten en sueños que jamás se materializan porque los pensamientos consumen todo nuestro ser. La vida pierde todo sentido y el anhelo de escapar aumenta vertiginosamente.

Momentos como estos no son ajenos a nuestra experiencia. Sin embargo, la realidad de nuestro Dios hace su entrada triunfal en la persona de Cristo. Él no estaba lejos, pero todo lo que rodeaba nuestra vida nos hacía percibir una indiferencia de Su parte hacia nuestra necesidad. Una percepción que casi nos convence para no confiar en el eterno poder que es Él.

“… pero el que no ama no conoce a Dios, porque Dios es amor.” 1 Juan 4:8

Dios siempre me ama y me amará. Él es amor. Su naturaleza se hace latente en los momentos de soledad y desesperanza. En muchas ocasiones no como yo espero, pero siempre como Él sabe. Ese amor se desborda como río crecido ungiendo mi mente y provocando una calma en los pensamientos que no se puede explicar con palabras.

El amor personificado en Cristo se apodera de todo mi ser como el sol se apodera del día emitiendo su calor sobre todas las cosas. Es ese calor que produce vida sin que los ojos físicos puedan darse cuenta. Soy sumergido en Su amor de una manera única y especial.

Sin embargo, para los que Dios llamó a la salvación, tanto judíos como gentiles, Cristo es el poder de Dios y la sabiduría de Dios.” 1 Corintios 1:24

Su eterno poder rompe el velo de la debilidad provocando una catarata de energía divina que no hay represa que pueda detenerla. Ese poder que trajo a Jesús a la vida se manifiesta. Ese poder que tiene la capacidad de mantener el universo funcionando en una sincronización inigualable es demostrado. Es un poder que transforma todos nuestros sentimientos. Mis fuerzas son innecesarias ante la manifestación del dínamo de Dios. Ese dínamo es Cristo. Y me levanta milagrosamente porque me ama.

Jesús le contestó: Yo soy el camino, la verdad y la vida…” Juan 14:6

La Palabra le dio vida a todo lo creado, y su vida trajo luz a todos.” Juan 1:4

La incertidumbre empieza a huir al aparecer en forma concreta la luz. La luz hace huir la oscuridad como el sol espanta la noche. Esa luz no se había ido, sólo estaba escondida por los pensamientos y sentimientos que gobernaron temporeramente nuestro ser. Esa luz es la vida eterna. La vida eterna es Cristo. (1 Juan 5:11-12)

Su presencia con conciencia causa una transformación donde cobra vida la esperanza. La muerte es absorbida por la vida y el deseo de vivir por el Camino trazado es recobrado porque la luz nos permite verlo nuevamente.

Inexplicablemente todo cobra sentido. Mi identidad es comprendida porque Su Amor me abraza como una madre a su pequeño. Mis fuerzas son recobradas porque Su Energía recarga cada fibra de mi ser. Mi ser es vivificado porque Su Vida calienta e ilumina cada detalle de mí.

De momento internalizo que todo está lleno de Él. La vida en la Tierra es pasajera. Los problemas son efímeros. El cansancio es temporero.

Por el contrario, Él es eterno. Todo es llenado por Él. En Él somos, vivimos y nos movemos. (Hechos 17:28) Él es el todo en todos. (Colosenses 3:11) El ascendió para llenarlo todo. (Efesios 4:10) Y toda la tierra está llena de Su gloria. (Isaías 6:3)

El Eterno nos hizo partícipes de su eternidad en la persona de Cristo. Hoy esa realidad de vida gobierna mi vida provocando una algarabía en mi espíritu. Dios es mi todo. Por eso, en Él yo confío.

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