Cristo, El Único Disfrute

Posted by on Abr 25, 2010 in Artículos por Javier, Vida Práctica | 0 comments

En estos días pasé por una experiencia donde estaba disfrutando a Dios en una forma especial. Estaba llorando porque mi espíritu estaba tan sumergido en la persona de Dios y gozaba ese momento de tal manera que le decía a Dios en mi interior que no quería que se acabara el mismo. Deseaba seguir experimentando a Dios de esa manera sin interrupciones ni distracciones.

De momento, se me acerca una persona inadvertidamente y pone su mano en mi cabeza. Fue como echarme un envase de agua helada por encima. Esa persona empezó a orar por mí pensando que estaba pasando por un  momento de dolor o crisis. Nada más lejos de la verdad. Probablemente pensó que como estaba llorando, tenía que orar por mí.

En muchas iglesias le enseñan a los miembros que cuando alguien está llorando, uno o una debe ir a consolarlo. El detalle es que hay momentos donde el lloro no es de sufrimiento, sino de gozo. La relación íntima con el Padre nos permite discernir cuál de los dos es. Pablo nos exhorta a no imponer manos apresuradamente. (1 Timoteo 5:22) Claro, las razones para Pablo compartir eso eran distintas en ese momento, pero el principio es el mismo. No debemos apresurarnos a hacer algo solamente porque lo sentimos.

Esa imposición de manos “cortó” el momento de gloria que estaba experimentando en Dios. Luego, yo pensaba y meditaba sobre esta experiencia llegando a una sola conclusión, Cristo es el único disfrute nuestro. El ser humano se la pasa buscando propósito, alcanzando metas, produciendo cosas nuevas porque no ha entendido que Cristo es el único disfrute para el alma y espíritu. A veces se visita un culto buscando un mensaje o un “toque” que anime o fortalezca el andar del creyente. Claro, esta experiencia es en Dios. Sin embargo, debemos aprender que la persona de Dios va muy por encima de cualquier mensaje o “toque” que podamos experimentar. Nada puede sustituir a Cristo. Él es el único y soberano disfrute que hay. El que piense distinto es que no lo ha disfrutado.

Mi Cristo llena la vida, él llena mi ser, él satisface cada necesidad que pueda tener, él llena mi ambiente, él llena… todo. Con él no hay cabida para vacíos. Yo quisiera que esto que estoy compartiendo no se interpretara como un asistir a un culto, hacer una oración, que alguien orara por uno, estar en un retiro, etc. Es una conexión tan íntima que dondequiera que miro, puedo ver a Dios. Es como en la película “Avatar” donde todas las cosas vivas están conectadas por la vida haciendo una inmensa red que produce que cada ente viviente disfrute y valore todo lo que está vivo.

Pablo dijo en una forma tan bella hablando sobre Cristo lo siguiente: “Cristo es el Hijo de Dios… Por medio de él, Dios creó todo lo que hay en el cielo y en la tierra… En pocas palabras: Dios creó todo por medio de Cristo y para Cristo… Por medio de él, todo se mantiene en orden… Cristo es el principio de todas las cosas. Por eso fue el primero en resucitar, para ocupar el primer lugar en todo. Y en él se encuentra todo el poder divino.” Colosenses 1:15-19 (BLS)

Añadirle a Cristo es diluir la esencia de quién es él en nosotros. Por eso es que la biblia dice, “Cristo en ustedes (nosotros) es la esperanza de gloria.” Realmente se me acaban las palabras al escribir de lo que estoy sintiendo mientras escribo. No hay nada más exquisito y sabroso que “participar activamente” en Aquel que lo llena “todo en todos”. Cristo lo es todo, ¿por qué buscar algo más? Él es el todo en mí, el todo en mi esposa y mis hijos, el todo en mi trabajo, el todo en… mmmmm, todo. El salmista decía, “¡Alégrense, ustedes los justos; regocíjense en el Señor!” Salmo 32:11 Él decía en el Señor, no en las cosas del Señor. Mi Cristo es suficiente para que el disfrute nunca se agote.

Mi Cristo, mi disfrute…

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