Cristo Versus los Valores

Posted by on May 26, 2010 in Artículos por Javier, Libertad | 0 comments

Muchos viven defendiendo los valores morales y tratando de hacer cosas para defender los mismos. La biblia establece que Cristo es nuestra vida. Los valores morales parten de una premisa incorrecta. Esta es la premisa incorrecta: “hay que vivir haciendo el bien y evitando el mal.”

Desde el principio Dios quería que viviéramos dependiendo de la vida de Él, no de preceptos establecidos por los hombres en forma independiente de Dios mismo. El bien y el mal son conceptos relativos e interpretados por el ser humano de acuerdo a sus propios criterios. Establecer y defender valores morales nos lleva a estar ligados o atados a unos principios que nos separan de la dependencia de Dios y nos llevan a vivir en una manera desconectada de Él.

Además, el vivir fundamentado en los valores morales hace que los seres humanos sean pasivos (liabilities) en las relaciones donde las instituciones o grupos son más importantes que las personas. Se sacrifican personas por “hacer el bien” con tal de que las organizaciones se mantengan operando en favor de los “valores”.  Esto incluye en muchas ocasiones a las congregaciones locales.

Por el contrario, el vivir fundamentado en Cristo lleva a uno a entender que los seres humanos son el “activo” más preciado de Dios. Dios nos revela que el ser humano es el más importante para Él porque su amor trasciende las debilidades y los pecados. La mente natural o legalista no puede entender esto porque piensa que las reglas valen más que el amor, la misericordia y la gracia.

El fruto de Dios es el amor. Éste no hay que fabricarlo o hacer cosas para que se produzca. El fruto es producto de una relación entre la rama y el árbol que provoca que la rama se nutra del tronco con el propósito de que la vida del árbol genere un fruto en una manera natural y espontánea.

Dios es nuestro árbol y nosotros somos las ramas. Nosotros nos nutrimos de Él y de esa manera Su vida fluye por nuestro ser teniendo como resultado un amor que trasciende los valores y nos lleva a amar por encima de todos los defectos que podamos ver en otros porque esa “savia divina” nos permite ver con los ojos de Dios.

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