Disfruto Ser Yo

Posted by on Dic 14, 2014 in Artículos por Javier, Vida Práctica | 0 comments

Aparentar

En esta semana, mientras compartía con los chicos de nivel intermedia y superior en mi salón de clases, les hice la pregunta, “¿Saben qué es lo que más me gusta de vivir en Cristo?” Inmediatamente comenzaron a dar respuestas muy variadas. Sin embargo, no contestaron la respuesta que esperaba. Después de un rato les dije que les diría la contestación. “Lo más que me gusta o disfruto de vivir la vida en Cristo es que puedo ser yo.” Ellos se quedaron mirándome como diciendo, “¿Eso era? Ah, pues bien.”

Obviamente no esperaban esa respuesta. Estaban esperando un respuesta muy elaborada y con contenido espiritual bien profundo. (Lo que quiera decir eso.) Después de haber vivido por tantos años (27 años) tratando de actuar dentro del molde de lo que debe ser un “cristiano” y tratando de “agradar” a Dios en todo, el poder ser yo en la relación con Dios y con los demás es una experiencia liberadora extraordinaria.

Todo aquel que ha nacido de Dios (ha creído en Jesús como Señor y le ha recibido) es una nueva creación. Como nueva creación tiene un sistema de vida nuevo. Eso dice en 2 Corintios 5:17, todo ha sido hecho nuevo. Esto quiere decir que la forma vieja de vida no funciona con la nueva creación. Mis sentimientos y pensamientos no tienen que ser encajonados ni reprimidos por miedo a qué dirán o pensarán de mí.

La nueva creación depende de Dios en todo lo que hace. Reconoce que es imposible funcionar en esta tierra sin depender del Padre. Esa dependencia de Dios me permite ser yo no importando las circunstancias. La vieja creación constantemente presionaba nuestras mentes haciéndonos creer que si no funcionábamos de cierta manera, no estábamos “agradando” a Dios. Una de las cosas más extraordinarias de la nueva creación es que no tiene que vivir buscando agradar a Dios con todo lo que se hace. Esta era una presión que constantemente traía culpa y vergüenza a mi vida.

Hoy sé que ya he agradado al Padre porque estoy en Su Hijo. Eso es suficiente para que esté complacido conmigo. Mi desempeño no está enfocado en agradarlo. (Mateo 3:17; Lucas 3:22; Marcos 1:11; Juan 1:33-34) Mis acciones son el producto de entender por medio de la relación directa con el Padre que soy una creación nueva y eso me hace completamente libre. (Juan 8:36) Soy libre para ser yo dependiendo del Padre en todo lo que hago.

El Hijo, Jesús, y yo somos uno. (1 Corintios 6:17) Esto hace que cuando el Padre me mira, mira la fusión de Jesús y yo. Y por Jesús haber agradado al Padre hace mucho tiempo atrás, yo también le he agradado. Esta es una noticia maravillosa porque entonces mi relación con el Padre no es una de estar buscando agradarle todo el tiempo. Mi relación con Él ha trascendido esa mentalidad de agrado y ahora puedo conocer otras cosas de Él.

Puedo ser libremente yo sin necesidad de reprimir mis sentimientos porque “podría ofenderlo” o “no agradarlo” con mis acciones. Muchos leen esto y rápidamente gravitan a los extremos. Tanto para el lado legalista como para el lado libertino. Los legalistas piensan, “¿tú estás diciendo que puedes vivir como tú quieras y no tienes consecuencias?” Los libertinos piensan, “Puedo vivir como quiera y no se afecta mi relación con el Padre.” La diferencia entre ambos es básicamente que uno de los lados se pregunta escandalizado (los primeros) y el otro lado lo afirma con un total desconocimiento de quién es Dios. (los segundos) El acuerdo entre ambos es que están equivocados.

La verdad es que ni uno ni el otro. La libertad para actuar sin pensar en el agrado es una experiencia de la nueva creación que no gravita a los extremos de la humanidad buscando la conformidad personal. La nueva creación en Cristo nos permite ser nosotros mismos a medida que la persona de Jesús se va formando o expresando por medio nuestro en esta tierra. Esta formación se da en el contexto relacional y la dependencia del Padre. Y todo aquel que ha nacido de nuevo no está sujeto a la ley o mandamientos. (Gálatas 5:1) Además, todo aquel que ha nacido de nuevo no quiere pecar. (1 Juan 5:18)

Podemos ser nosotros mismos cuando entendemos que esa no es la meta de vida. Disfrutar quiénes somos es un efecto o consecuencia de estar en el Hijo y depender de Él en todas las cosas. Hoy celebro que puedo ser yo en Cristo y eso me hace total, completa y absolutamente libre. Gracias, Dios, por hacerme libre en tu Hijo. ¡Te amo!

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