Dos Mundos en un Cuerpo

Posted by on Dic 20, 2012 in Artículos por Javier, Libertad | 0 comments

Mateo 1:23Pues nos ha nacido un niño, un hijo se nos ha dado; el gobierno descansará sobre sus hombros, y será llamado: Consejero Maravilloso, Dios Poderoso, Padre Eterno, Príncipe de Paz. Su gobierno y la paz nunca tendrán fin.” Isaías 9:6-7 (NTV)

Escribir es una de mis pasiones. Y en esta época navideña quisiera decir muchas cosas. Sin embargo, todas ellas se quedan cortas cuando las comparo con la realidad de que en algún momento de la historia humana ocurrió el evento de mayor trascendencia desde la creación del ser humano en Edén.

Dios había preparado un plan antes de crear cualquier cosa que revolucionaría el cosmos eternamente. Él decidió unir la forma de vida más alta del mundo invisible, la divina, con la forma de vida más alta del mundo visible, la humana. Las dos en un solo cuerpo. Lo visible con lo invisible en el interior de una mujer con el propósito de hacerse carne y habitar entre nosotros. (Juan 1:14)

Dios diseñó un plan donde uniría para siempre dos formas de vidas distintas, pero compatibles la una con la otra. Jesús nació en un pesebre entre animales, su madre biológica y su padre no biológico.

A la misma vez, Cristo estaba siendo dado aun por aquellos que cerraron las puertas en ese momento de tal manera que nació con un olor muy peculiar. Olor que no era particular de un rey. Pero no importando el mismo, la estrella atrajo a pastores y sabios de muy lejos. Mientras los “suyos” cerraban las puertas porque estaba todo “lleno“, otros entraban por la “Puerta” para ver al “niño Dios” siendo guiados por una estrella.

Hoy día algunas personas debaten cuándo Jesús nació. La verdad es que el día no es importante. Lo que importa es que sí llegó un día cuando el cielo y la tierra se unieron por medio del Creador dentro del vientre de una mujer manifestando por vez primera a Dios en forma visible y palpable.

Este evento no tiene comparación en la historia, ni la tendrá. El nacimiento marcó el tiempo cuando la cuenta regresiva daría comienzo para acabar y destruir con el pecado, la muerte y aquel que tenía el imperio de la muerte.

El nacimiento de Jesús y el ofrecimiento del Cristo manifiestan el amor de Dios por nosotros. Expresaba el diseño de Dios para cada uno de nosotros. Jesús al nacer demostraba lo que ocurriría con nosotros cuando el fuera procesado en la cruz y resucitado de la entrañas de la muerte.

Dios empezaría a vivir en nosotros produciendo así una especie totalmente nueva con ninguna relación con el pecado y la muerte. Jesús fue el primer “Emmanuel“. Luego, cuando el fuera procesado por medio de la muerte y la resurrección, todos lo que le recibieran se convertirían en “Emmanuel” en la tierra.

No somos una copia de Jesús en la tierra. Somos la expresión de Dios en la tierra porque Él vive en nosotros y nosotros vivimos en Él. (Hechos 17:28) Cuando creímos, nacimos de arriba. Fuimos engendrados por el Espíritu Santo al igual que Jesús. Somos una creación nueva. Todo lo viejo pasó.

En esta época del año no sólo celebro el nacimiento y ofrecimiento de Jesucristo, también celebro el que Dios me haya incluido en su plan para unir el cielo y la tierra por medio de mi vida. Todo aquel que ha recibido a Jesucristo en su vida ha dejado de ser humano solamente y ha venido a ser la expresión de Dios en forma humana. No es lo que hacemos lo que nos hace ser cristianos. Es la vida de Dios en nosotros lo que nos permite expresar la deidad por medio del amor a nuestros semejantes.

Doy gracias a mi Dios por incluirme en Él desde antes de la fundación del mundo. Su amor nos guía, su vida nos sostiene, su perdón nos libera, su pasión nos motiva, su deseo nos consume.

El nació en un pesebre para que viviéramos en el Amado. Se dio en pobreza para que recibiéramos Su riqueza. Su riqueza es Él mismo.

Su gobierno y su paz jamás dejarán de ser en mi vida. Fui escogido por Él desde la eternidad hasta la eternidad. Esta es una declaración que produce en lo más profundo de mi ser una tranquilidad que jamás imaginé tener. Me siento seguro en Él hoy más que ayer, pero menos que mañana.

Confío en que todo aquel y aquella que lea este artículo entienda que en Jesucristo estamos seguros. En un mundo donde la inseguridad abunda, la tranquilidad que ofrece Aquel que nació y se dio en Belén sobrepasa los tiempos y los acontecimientos que nos rodean.

Gloria sea para siempre al “Consejero Maravilloso, Dios Poderoso, Padre Eterno, Príncipe de Paz.”

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