El Amor No es un Deber

Posted by on May 8, 2010 in Artículos por Javier, Libertad | 0 comments

Hoy estuve compartiendo con unas amistades muy queridas y viví una experiencia que tocó mi espíritu en forma especial. Mis amistades tienen un bebé de aproximadamente año y medio. Cuando empezamos a compartir, el papá del bebé toma al niño en sus brazos y el niño inmediatamente coloca sus dos brazos alrededor del cuello del papá. Esta escena se me quedó grabada dentro de mí porque el bebé disfrutaba tanto el cariño, la seguridad, el amor, la ternura del papá que su rostro era de un niño querido y amado en todo el sentido de la palabra.  A la misma vez, el papá disfrutaba tanto a su hijo que no se cansaba de besarlo. Cuando mi esposa y yo regresábamos de haber compartido con nuestras amistades, yo le compartía a mi esposa cómo esa imagen de papá con el bebé me impactó en gran manera.

Esa imagen me hizo recordar a mi Padre, Dios. Por mucho tiempo me hicieron creer que Su amor hacia mí estaba condicionado a mi desempeño y servicio. Como Él me había salvado, era mi “deber” amarlo de vuelta por agradecimiento. ¡Qué equivocado estaba! La obediencia no es lo que Dios está buscando en sus hijos porque si fuera así, no haría falta conocerle, sino servirle solamente. Por muchos años me hicieron creer que el amor era un deber porque de esa manera estaba “obedeciendo” a Dios. Esto es totalmente falso. El amor es una relación de amistad y cariño donde no hay deberes ni reglas, sólo hay amor. Este amor nace y se sostiene por una relación de libertad y confianza entre Padre e hijo.

Cuando yo sé quién soy y que Papi me ama no importando qué, el resultado inevitable es echar mis brazos alrededor de Él porque Su amor es la bujía que me impulsa a querer disfrutar Su presencia en mi vida. La madre puede enviar a su hijo a recoger su cuarto y él la obedece porque la ama o por temor al castigo. Estoy seguro que la madre se sentiría bien por esa hazaña. El hijo puede estar motivado por amor, para demostrarlo; o por temor, para evitarlo. Cuando mi enfoque es demostrar que amo a Dios, me convierto en esclavo del servicio. Cuando mi enfoque es evitar el castigo, me convierto en rebelde porque no quiero acercarme.

Sin embargo, si este mismo hijo se relaciona con su madre continuamente y el amor es el fundamento de esa relación, la madre ni siquiera solicita obediencia porque el hijo conoce el corazón de ella. El amor, entonces, no se manifiesta como deber, si no como lo que es, amor. El amor entonces se demuestra en forma natural y sin exigencias porque brota de una relación de confianza y seguridad. La madre atesoraría mucho más esa relación de amor porque a fin de cuentas, las acciones se terminan, pero las relaciones duran por la eternidad.

Amar a Dios no es un deber o responsabilidad, es un acto voluntario que sale de un corazón agradecido donde el deleite es Dios y nada fuera de Él. La libertad en Dios está en que sabemos que somos queridos y aceptados no importando nuestras acciones. Esto tiene que ser como agua tibia para los religiosos, pero es una realidad maravillosa para los hijos de Dios. Yo en Él y Él en mí, ¡no hay nada mejor en la vida!

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