El Dios Distorsionado

Posted by on Sep 25, 2010 in Artículos por Javier, Libertad | 0 comments

“Todo depende del cristal con que se mira.” Este es un refrán popular que establece que dependiendo de cuál sea mi perspectiva con relación a algo o alguien, de esa manera será mi convicción relacionada a eso. Por mucho tiempo se ha tenido una percepción distorsionada de la persona de Dios que ha producido que se perpetúe la misma creando de esa forma gente legalista, religiosa y prejuiciada actuando en nombre de Dios y afectando a los seres humanos. Me gustaría presentar a un Dios que es amor, un Dios que ama incondicionalmente y que desea nuestro bienestar por encima de cualquier otra cosa.

Muchos han escuchado o leído la historia de Jonás y el pez que se lo tragó. Me imagino que algunos se transportarán a la época cuando en la escuela dominical cantaban el coro,

“Jonás no le hizo caso a la palabra de Dios,
por eso al mar profundo la gente lo tiró.
Y vino un pez muy grande y ¡PUM! se lo tragó,
porque no le hizo caso a la palabra de Dios,
porque no le hizo caso a la palabra de Dios.”

Con el respeto de aquellos y aquellas que les gusta este coro, pero el mismo ha ido perpetuando la enseñanza de un Dios distorsionado. Este coro dice que por la desobediencia de Jonás, Dios lo castigó haciendo que un pez grande se lo tragara. Voy a compartir algo contigo usando un “cristal” distinto para ver quién es Dios realmente.

Dios le dice a Jonás que fuera a Nínive, una ciudad llena de pecado, y que le comunicara lo que ocurriría a la misma por causa de su pecado. Por causa de su pecado, la ciudad sería destruída. Jonás decide no ir a la ciudad y toma un barco rumbo a otra ciudad. Aquí está la primera distorsión en la historia. Muchos han enseñado que Jonás no fue a Nínive porque la gente era tan mala que podían matarlo y por temor decidió no ir. La verdad es que Jonás explica por qué no fue a la ciudad y más adelante lo veremos.

Ahora, cuando Jonás decide desobedecer a Dios e ir a otra ciudad, toma un barco y se desata en el mar una tormenta que estaba acabando con el barco donde iba Jonás. Los que estaban en el barco deciden buscar por causa de quién es la tormenta y Jonás salió como el causante de la misma, según esa gente. Por esta razón deciden echarlo al mar. La Biblia dice que Dios “dispuso un enorme pez para que se tragara a Jonás”. (Jonás 1:17)

La razón que se ha dado para que el pez se tragara a Jonás ha sido su desobediencia, pero esto viene como consecuencia de no conocer a un Dios de gracia y de amor. Muchos han pensado que Dios estaba castigando a Jonás porque lo había desobedecido. Cuán equivocados están los que piensan de esa forma. Dios estaba usando ese pez para presevar la vida de Jonás. Dios no le dijo a los del barco que tiraran a Jonás, de hecho, la distorsión de que Dios es uno de causa y efecto se remonta a la experiencia de Job cuando dijo, “Jehová dio, Jehová quitó, sea el nombre de Jehová bendito”. Hasta lindo se oye, pero que equivocado estaba Job porque quien quitó no fue Dios. De igual manera, Dios no estaba enjuiciando a Jonás con el pez, sino que estaba salvándolo con el pez. Ven, todo depende del cristal con qué se mira. Dios es un Dios de gracia, amor y misericordia. La religión ha hecho que se vea a un Dios enjuiciador y destructor. Dios estaba preservando la vida de Jonás en el pez y pudiera llegar a Nínive a compartir perdón, gracia y amor.

¿Cómo podemos saber que esto es cierto? Sencillo, porque Jonás cuando ora dentro del pez dice que las aguas estaban ahogándolo y destruyéndolo, pero Dios escuchó su clamor. ¿Cómo? Enviando el pez para que no se ahogara. ¡¡¡WOW!!!

Mira lo que dice Jonás 2:2-6,

“En mi angustia clamé al Señor, y él me respondió. Desde las entrañas del sepulcro pedí auxilio, y tú escuchaste mi clamor. A lo profundo me arrojaste, al corazón mismo de los mares; las corrientes me envolvían, todas tus ondas y tus olas pasaban sobre mí. Y pensé: “He sido expulsado de tu presencia. ¿Cómo volveré a contemplar tu santo templo?” Las aguas me llegaban hasta el cuello, lo profundo del océano me envolvía; las algas se me enredaban en la cabeza, arrastrándome a los cimientos de las montañas. Me tragó la tierra, y para siempre sus cerrojos se cerraron tras de mí. Pero tú, Señor, Dios mío,
me rescataste de la fosa.”

Aun Jonás creía que Dios lo estaba enjuiciando cuando dice, “A lo profundo me arrojaste”, además, que lo había desechado cuando dijo, “He sido expulsado de tu presencia.” ¿Esta era la verdad? NO, NO, NO y mil veces NO. La gente del barco decide echarlo al mar y Dios lo rescata usando una cápsula viviente, un gran pez. Jonás, ¿Había desobedecido? Sí. Pero el amor y la gracia de nuestro Dios trascienden nuestros pecados y la misericordia se manifiesta por encima de nuestras fallas. ¡¡¡Qué clase de Dios tenemos!!! Jonás dijo que el mar estaba acabando con él, pero Dios lo rescató.

Tres días y tres noches después, Dios ordenó al pez que expulsara a Jonás de su vientre. ¿Tendrá Dios el control de todas las cosas? Curiosamente, no lo expulsa en medio del mar, lo hace en tierra firme donde Dios le habla nuevamente y él obedece. Cuando Jonás comparte el mensaje de Dios con los de Nínive, éstos se arrepienten y Dios los perdona. Esto enoja a Jonás porque él sabía desde el principio que Dios los perdonaría. Se acuerdan que al principio les hablé de la razón que tuvo Jonás para no ir a Nínive. No fue por temor que él no fue. La razón para no haber ido a Nínive fue que él conocía a Dios como perdonador y sabía que Nínive no sería destruída. Jonás 4:2 dice:

“¡Oh Señor! ¿No era esto lo que yo decía cuando todavía estaba en mi tierra? Por eso me anticipé a huir a Tarsis, pues bien sabía que tú eres un Dios bondadoso y compasivo, lento para la ira y lleno de amor, que cambias de parecer y no destruyes.”

Tengo que repetirlo, ¡¡¡Qué clase de Dios tenemos!!! La excusa de Jonás para desobedecer fue el carácter compasivo de Dios. ¡Qué excusita! La verdad es que Dios es demasiado amoroso, que aun, cuando Jonás lo usa como excusa para no obedecerlo, decide buscarlo, amarlo y rescatarlo de la misma muerte.

Lo interesante es que con todo y lo que pasó Jonás, después que Dios perdona a Nínive porque se arrepintieron de sus pecados, él se enoja porque Dios los amó y perdonó. Pero aún allí, Dios le sigue mostrando su amor por medio de una planta. ¡Qué Dios distorsionado la religión y legalismo han enseñado! Sin embargo, hoy podemos conocer al Dios de amor y gracia que siempre estará amándonos, no importando las circunstancias.

Mientras estemos en la tierra, pecaremos. Esto no es lo que desea nuestro ser, pero vamos a pecar mientras estemos en este cuerpo. Sin embargo, mi Dios jamás cambiará su relación conmigo a pesar de mi pecado. Aun cuando peque, su amor siempre me cubrirá y levantará porque estoy metido en Él. Esa realidad NUNCA cambiará porque ya perdonó todo mi pecado y pecados. Si desobedeciera, como Jonás, Dios SIEMPRE buscará la forma de cuidarme en medio de las consecuencias del pecado. Enfatizo que esas consecuencias NUNCA son producidas por Dios, como distorsionó la religión, pero Su amor nos cubre y protege en medio de las mismas.

Por último, Jonás simboliza a Jesús. Los que iban en el barco trataron de aplacar la tormenta y el mar por medio de sus esfuerzos sin tener resultados positivos. Deciden tirar a Jonás al mar y la tormenta, que simboliza el pecado y la muerte, se aplaca. Jonás es preservado en el pez y los del barco y Nínive son salvados por medio de la vida de Jonás.

El ser humano no había podido lograr salvación por sus esfuerzos, así que Jesús se lanza al centro de la tierra para lograr el perdón de nuestros pecados, preservado por tres días y tres noches en el sepulcro para luego levantarse y darnos vida abudante en Él. Necesito repetirlo por tercera ocasión, ¡¡¡Qué clase de Dios tenemos!!!

Dios,… gracias. Te amo.

Por: Javier

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