En El Dolor

Posted by on May 20, 2012 in Artículos por Javier, Vida Práctica | 0 comments

Rosa en la lluvia...Una persona me pregunta, “¿Por qué Dios permite que sufra con este dolor? ¿No se supone que Él me ama?” Esta es la pregunta más antigua sin contestación satisfactoria que hay. A través de la historia hemos visto que se ha tratado de entender y contestar el por qué el justo sufre. La verdad es que no hay respuesta para esta pregunta. Al menos, respuesta que satisfaga.

Dios es una interrogante en esta área. Yo no sé por qué un Dios de amor permite que haya sufrimiento, especialmente en aquellos que han recibido Su vida por la fe. Unos han tratado de responder diciendo que es para que entendamos Su propósito. Otros han explicado que es para moldear nuestro carácter. También que es para que aprendamos a confiar. En adición, se ha dicho “todo obra para bien” como si fuera una frase mágica que produce que el dolor se ausente.

La pregunta “¿Por qué?” no tiene una respuesta que satisfaga al que sufre. Sin embargo, podemos establecer unos elementos bien claros y confiables.

Dios me ama…

El carácter de amor de Dios no está en entredicho en este dilema. ¿Por qué un Dios que es amor permite que se sufra? Yo no sé, pero yo sí sé que me ama siempre. Dios es todopoderoso y puede hacer que el sufrimiento se vaya en un instante, pero he decidido no cuestionar su soberanía porque sé que me ama.

Su amor por mí trasciende mis circunstancias y sufrimiento. El dolor no determina, ni determinará Su cariño y pasión por mí. Tú y yo siempre estamos en el pensamiento de Dios. No hay nada que yo haga que produzca que Dios me ame más o menos. Su amor hacia mí es constante.

La Biblia dice en Hebreos 13:8, “Jesucristo es el mismo ayer, hoy y siempre.” Además, en Santiago 1:17 dice, “Todo lo que es bueno y perfecto desciende a nosotros de parte de Dios nuestro Padre, quien creó todas las luces de los cielos. Él nunca cambia ni varía como una sombra en movimiento.

Dios me ama y siempre está pensando en mi bienestar. Siempre ha sido y siempre será así aunque no entienda por qué estoy sufriendo.

Dios me es fiel…

El amor que Dios tiene hacia mí hace que sea fiel siempre. Mis acciones no pueden provocar que Dios se aleje o se acerque más. Él está presente y unido a mí no importando las situaciones que me rodeen. Los nubarrones y oscuridad que pueden producir las situaciones de dolor en esta tierra no pueden afectar la presencia de mi Dios.

El silencio de Dios en ocasiones de desesperanza y angustia no es sinónimo de desinterés, apatía o ausencia de Su parte. Simplemente no es el tiempo de hablar. Elías aprendió que Dios en algunas ocasiones escoge el silbido apacible para dejar sentir que está presente. Esto no significa que hay veces que escoge no estar, es que hay veces que la manifestación de Su presencia es distinta.

Jesús dijo que la vida eterna es el conocer íntimamente a Dios y a Él mismo. Juan 17:3, “Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado.

A medida que crecemos en el conocimiento de Dios, sabemos que Él está presente siempre. Este saber no es intelectual o mental. Es un saber de experiencia. Es un saber que lleva a uno a confiar aunque el dolor esté presente. Es un saber que depende de la fidelidad de Dios aunque no haya respuestas en el sufrimiento.

La fidelidad de Dios es real aun en los momentos de angustia profunda. Él es fiel aunque mis oraciones no reciban contestación en el tiempo y en la forma que deseo. Él siempre está aunque no entienda por qué estoy sufriendo.

Dios me sostiene…

Las experiencias de dolor dejan a uno sin fuerzas para seguir. Nuestras emociones y sentimientos lacerados por las heridas del dolor drenan nuestras energías. Nuestro enfoque se nubla, nuestras fuerzas escasean, nuestros deseos de continuar desaparecen.

Sin embargo, los brazos de mi Dios siempre me sostienen. Deuteronomio 33:27 dice, “El Dios eterno es tu refugio,por siempre te sostiene entre sus brazos.

El poder de nuestro Dios se hace real cuando la ausencia de nuestras fuerzas son manifestadas. Isaías 40:29, 31 dice, “Él da poder a los indefensos y fortaleza a los débiles… los que confían en el SEÑOR encontrarán nuevas fuerzas; volarán alto, como con alas de águila. Correrán y no se cansarán; caminarán y no desmayarán.

El apóstol Pablo pasó por una experiencia que era angustiante y constante en su vida. Yo no sé cuál era su situación, pero sé que causaba mucho dolor. Su petición a Dios era que lo quitara de su vida, pero eso no ocurría. Creo que podemos relacionarnos con esa experiencia.

Pero mi Dios, que me ama y es fiel, le contesta con ternura y cariño maternal en 2 Corintios 12:9, “Mi gracia es todo lo que necesitas; mi poder actúa mejor en la debilidad.” La gracia de Dios es suficiente para sostenernos en los momentos de mayor debilidad. Su gracia me sostiene.

Por eso Pablo declara inmediatamente en 2 Corintios 12:9b-10, “Así que ahora me alegra jactarme de mis debilidades, para que el poder de Cristo pueda actuar a través de mí. Es por esto que me deleito en mis debilidades, y en los insultos, en privaciones, persecuciones y dificultades que sufro por Cristo. Pues, cuando soy débil, entonces soy fuerte.

Cuando uno sabe que la mano poderosa de Dios lo sostiene, puede jactarse en las debilidades porque sabe que El Poderoso lo guarda entre Sus brazos de poder y ternura. Es una combinación de Papá y Mamá que hace que me sienta en paz y tranquilidad aunque el dolor sea angustioso.

Su amor, fidelidad, poder y ternura me hacen descansar trascendiendo la angustia terrenal de tal forma que termina uno diciendo con conciencia y convicción aunque no entienda por qué estoy sufriendo, “Pues nuestras dificultades actuales son pequeñas y no durarán mucho tiempo. Sin embargo, ¡nos producen una gloria que durará para siempre y que es de mucho más peso que las dificultades! Así que no miramos las dificultades que ahora vemos; en cambio, fijamos nuestra vista en cosas que no pueden verse. Pues las cosas que ahora podemos ver pronto se habrán ido, pero las cosas que no podemos ver permanecerán para siempre.” 2 Corintios 4:17-18

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