Fuera el Temor

Posted by on Sep 30, 2012 in Artículos por Javier, Libertad | 0 comments

Cuando me pongo a pensar en la persona de Dios y su amor hacia mí, concluyo inevitablemente que no hay nadie como Él. En muchas ocasiones pierdo de perspectiva que Su amor por mí es constante y creciente. Esto me lleva a desconfiar de Él en momentos determinados y nubla mi visión ante las situaciones cotidianas.

Sin embargo, Él es tan maravilloso que entiende esto. Aun así no me desprecia o rechaza. Ni siquiera me regaña como me enseñó la religión evangélica. Él me ve y me come a besos con caricias de amor.

La Biblia dice, “Dios es amor.” 1 Juan 4:8 También dice, “En el amor no hay temor, sino que el perfecto amor echa fuera el temor; porque el temor lleva en sí castigo. De donde el que teme, no ha sido perfeccionado en el amor. Nosotros le amamos a él, porque él nos amó primero.” 1 Juan 4:18-19

Dios no puede hacer otra cosa que amarnos porque es quien es. Segundo, ese amor produce que el temor sea quitado. Vivimos en un tiempo donde el servicio a Dios es primordial en los círculos evangélicos. El servicio en sí mismo no es negativo. El problema está en que el servicio hacia Dios no estimula la relación. Esto hace que pueda haber responsabilidad sin relación.

La responsabilidad te hace producir efímeramente. La relación tiene efectos eternos. Muchas veces se sirve por temor o miedo de que Dios se enoje por la “vagancia” o indiferencia. La realidad es que se ha usado la manipulación en muchas ocasiones para infundir temor en aquellos que han sido salvados con el propósito de lograr unas metas terrenales.

Pero hoy vemos que el temor no tiene resultados eternos positivos. El temor aleja, no acerca. El amor atrae. El temor es un concepto del Antiguo Testamento enseñado por amor por parte de Dios.

Dios sabía que si el hombre se acercaba a Él antes de que Jesús se encarnara, el hombre moriría irremediablemente. Es por eso que para evitar la muerte del objeto de su amor, el ser humano, infunde temor. No era porque Él es un ogro que quiere que le teman. Quería evitar la muerte del ser humano porque todavía no había llegado el tiempo para que la vida de Él habitara dentro del hombre y la mujer.

Una vez llega Jesús, muere y resucita, la enseñanza del temor queda anulada. Muchos se han referido a los pasajes de la Biblia que hablan del temor como si fuera respeto. La verdad es que cuando uno estudia los idiomas originales se da cuenta que eso no es cierto. Cuando la Biblia habla de temor, se refiere a miedo, pánico, pavor.

Hoy a Dios no hay que temerle. Esto puede sonar herético. Se usan pasajes como el Salmo 34:7, “El ángel de Jehová acampa alrededor de los que le temen, y los defiende.” Esto puede sonar lindo, pero la realidad es que este verso hoy no es aplicable a los hijos de Dios. ¿Cómo puede ser esto, Javier?, dirán algunos. Dios no está sólo alrededor nuestro, Él y nosotros somos uno. (1 Corintios 6:17) No hay que temer para que Dios nos defienda. Su amor es suficiente escudo para defendernos.

Juan dijo, “el perfecto amor de Dios echa fuera el temor.” Preciosas palabras que nos brindan tranquilidad y esperanza. No hay necesidad de enseñar temor a Dios. Hace falta vivir el amor de Dios.

La Biblia dice, “La ley y los profetas eran hasta Juan…” Lucas 16:16 Quiere decir que el temor era hasta Juan. El temor jamás podrá llevarnos en Dios hasta donde el amor nos puede llevar. El temor puede llevarnos al servicio de Dios. El amor puede llevarnos hasta el corazón de Dios.

Algunos podrán pensar que estoy enseñando que no hay que respetar a Dios. No, eso no es lo que estoy diciendo. Respeto y temor no es lo mismo. Estoy diciendo que el temor a Dios no es necesario ya que vivimos en la gracia de Dios. No hay fuerza en el universo más poderosa que el amor. Por ejemplo, a los padres no hay que temerle. Hay que respetarlos. El respeto es un producto natural del amor que se da en un contexto de confianza y en una forma voluntaria.

Repito, a Dios no hay que temerle. Que Su amor hoy nos envuelva de tal manera que nuestro deseo sea conocerle más cada día. De esta forma Su amor se manifestará llevándose consigo el temor. El amor absorberá el temor reduciéndolo a nada y llenándolo todo con Cristo en nuestras vidas.

Vivamos para relacionarnos con Dios, no para servirle. Entonces serviremos por amor y no por temor.

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