Haciendo Menos, Logramos Más

Posted by on Jul 27, 2009 in Artículos por Javier, Vida Práctica | 0 comments

Depende del Señor; confía en Él y Él te cuidará.” Salmo 37:5 (NCV)

sailboatsEl fin de semana pasado estuve participando en una convención de jóvenes por tres días. Para esta actividad me acompañaron nueve estudiantes de nuestra academia. Fue una experiencia muy enriquecedora y edificante desde diferentes puntos de vista, social, emocional y por supuesto, espiritual.

Hubo una experiencia que me dio una enseñanza que quisiera compartir con ustedes. El hijo menor del pastor que estaba a cargo de la convención estuvo trabajando fuertemente desde el día antes de la convención que comenzaba viernes. Ese día él estuvo trabajando en el lugar junto con otros jóvenes para preparar diferentes eventos que se estarían llevando a cabo durante la convención. Su carro lo dirigió, sin darse cuenta, por un sitio donde la tierra no era sólida y se atascó en el lodo. Trató de sacarlo, pero mientras más trataba, más se hundían las ruedas en el lodo.

El pastor esperó hasta el sábado en la tarde para tratar de sacar el auto del lodo ya que estuvo haciendo un día soleado y el terreno estaría seco. Lamentablemente, el terreno donde estaba el auto no estaba completamente seco y el auto no salía. El pastor fue con varios jóvenes y algunos pedazos de madera, que era lo que había disponible, para tratar de empujar y sacar el auto del lodo. No se pudo. Más tarde mi hermana, la esposa del pastor y yo fuimos con unos cartones para ver si introduciéndolos debajo de las ruedas éste saldría. Nada, no salió.

Luego, se decidió llamar a algunos jóvenes adicionales para que se empujara el carro con más fuerza. Éramos aproximadamente como ocho a diez personas tratando de sacar el carro. Por fin, el carro empezó a salir del lodo, pero se atascó más adelante peor que la primera vez. Se decidió llamar a un servicio de remolque, pero ellos no daban servicio si el carro estaba fuera de la carretera.

Inmediatamente se consiguió una soga y un auto con tracción en la cuatros ruedas. Esta vez estábamos seguros que el auto saldría. ¿Verdad? No. La soga empezó a estirarse de tal forma que parecía que se iba a romper en cualquier momento. Sin embargo, el carro no se movió ni una pulgada. Se detuvo el carro con tracción en las cuatro ruedas ya que el auto del hijo del pastor no salía del lodo donde estaba hundido.

De momento, llega este hombre, sin que alguien lo conociera ni se le haya pedido ayuda, con un cable, bendice a los que estaban presentes y entrega el cable para colocarlo en los extremos de cada carro, el de tracción en las cuatro ruedas y el del hijo del pastor. Interesante es que tan pronto él llega, yo le hago un comentario a mi hermana y a la esposa del pastor relacionado a este hombre. Lo vi con los ojos de prejuicio y menosprecié su ayuda porque se veía religioso.

De repente, cuando ya habían colocado el cable en cada extremo de los carros y la “4×4” empezó a moverse, el auto del hijo del pastor empezó a moverse al mismo tiempo y a salir del lodo fácilmente. Sólo se necesitó un cable y un carro que tuviera la fuerza necesaria para sacar el auto atascado. No hizo falta la fuerza humana para poder sacar el auto del lodo.

Dios me dio una lección con esta experiencia al repasar los acontecimientos. En muchas ocasiones tomamos decisiones que producen que nuestras vidas se hundan en el lodo. Queriendo hacer lo mejor, terminamos incrustados en las circunstancias y sin fuerza para poder salir de ellas. De igual forma, cuando estamos hundidos en situaciones que están fuera de nuestro control, tratamos con nuestra inteligencia y fuerza de salir de las mismas, sin éxito. Mientras más tratamos, más nos hundimos. ¿Te has sentido así alguna vez?

También el Espíritu me dejó ver que cuando tenemos las herramientas correctas para cada circunstancia, podemos lograr lo que Él quiere sin tener que ensuciarnos. Comparto esto porque cuando el auto había salido y me veo, yo estaba sucio por haber tratado con mis fuerzas sin las herramientas correctas. Si hubiéramos tenido las herramientas correctas desde el principio, no me hubiera ensuciado ni me hubiera cansado. Dios dice que es con Su Espíritu, no con nuestras fuerzas. (Zacarías 4:6) ¿Lo crees?

De igual manera, Dios me enseñó sobre la humildad. Este hombre llegó sin que nadie lo invitara o solicitara su ayuda, y llegó bendiciendo. Sin embargo, en mi orgullo hice un comentario de prejuicio contra él. Obviamente, el que se exalta será humillado; el que se humilla será exaltado. Dios quiere que amemos no con los ojos, sino con Su Espíritu. En nuestros corazones están las experiencias del pasado y a veces hablamos o actuamos fundamentados en esas experiencias reprimiendo así al Espíritu de Dios que está en nosotros y quiere que crezcamos en el amor. Ese es el verdadero fruto del Espíritu.

Hay momentos donde Dios permite que tratemos con nuestras fuerzas y nuestra inteligencia con el propósito de enseñarnos que sin Él podemos hacer nada. Nuestra dependencia de Él es una necesidad, no es un lujo. El hombre que llegó con el cable estaba más cerca de donde estábamos que cualquiera de los jóvenes que fueron buscados. Pero aun así, no pedimos su ayuda. Dios siempre está cerca de nosotros cuando estamos hundidos en el lodo de las circunstancias. La biblia dice en el Salmo 34:18 (BAD), “El Señor está cerca de los que tienen el corazón quebrantado.”

Dios no quiere ser la última alternativa en nuestras vidas y situaciones, él quiere ser el primero y el único. Sin usar nuestras fuerzas, el auto salió del lodo. Así mismo, si dejamos que Dios se encargue de nuestras situaciones, Él nos sacará sin que nos agotemos o ensuciemos. Lo difícil es soltar las soluciones nuestras y dejar que Él lo haga. A veces estamos prejuiciados y tenemos un concepto de Dios que no nos permite ver más allá de las circunstancias. Pensamos que Dios tiene que cumplir con unas condiciones que nosotros pongamos para que Él obre. No, él no necesita de nuestras condiciones ni nuestra aprobación para hacer lo que quiere. Dios es Dios y nosotros no. Si confiamos en Él hoy y dejamos que Él sea Dios en nuestras situaciones, veremos que lo hará mejor y más fácil.

Definitivamente, haciendo menos, logramos más. ¡Aleluya!

Por: Javier

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