¿Algo Más…?

Posted by on Jul 26, 2009 in Artículos por Javier, Vida Práctica | 0 comments

Fiel es Dios, por quien fueron llamados a [tener] participación con su Hijo Jesucristo nuestro Señor.”
1 Corintios 1:9 (Nuevo Mundo)

En momentos de crisis lo primero que se pone en duda es la fidelidad de Dios. “Si tú me amas, ¿Por qué dejas que me ocurra esto?” “¿Dónde estás cuando te necesito, Dios?” Parece como si Él se hubiera olvidado de un@. Quiero compartir categóricamente que Su presencia en tu vida nunca se apartará, aun en los momentos de mayor soledad y depresión.

Dios es (está):

F irmemente

I ncrustado

E n

L a vida tuya

boy_dogSu fidelidad, a pesar de las situaciones que estés viviendo, quiere llevarte a experimentar su amor y su presencia a un nivel que tu mente ni siquiera imaginó. Esto quiere decir que NUNCA te ha abandonado, NUNCA te abandona y NUNCA te abandonará. Dios no provoca las situaciones de dolor en tu vida, pero Él va a usar cualquier situación para manifestar Su fidelidad y cumplir con el propósito de que participes en Su Hijo, Jesucristo.

El llamado que Dios te hizo no fue para ir al cielo o escapar del infierno, el llamado que Dios te hizo fue para tener participación en Cristo. Dios te salvó con el propósito de tener participación en Jesús y de esta manera Dios se formaría y multiplicaría en cada un@. Esto quiere decir que la salvación no es el fin, es el medio que Dios usa para que su propósito se cumpla.

Cuando participamos de Cristo empieza a ocurrir lo que Juan el Bautista dijo, “Es necesario que el crezca y que yo disminuya”. (Juan 3:30) Jesús empieza a crecer en nuestras vidas. No hay que tratar de ser “cristiano”, sino que Su vida en nosotros forma a Cristo. Esta participación individual va a resultar en participar con otr@s de tal manera que tod@s con quien tengamos contacto sean edificad@s o bendecid@s.

Por mucho tiempo yo decía dentro de mí, “Tiene que haber algo más en el evangelio”. Yo no le decía a nadie, pero mi vida se estaba aburriendo con lo que veía y experimentaba. Mi conocimiento de salvación se limitaba a ir al cielo cuando muriera y que mientras estuviera en la tierra tendría que “sobrevivir”.

Dios, por su gracia, me permitió ver y experimentar cosas sobrenaturales. Yo vi milagros, fui a viajes misioneros, vi y experimenté sanidades al instante, vi cómo Dios proveyó en forma milagrosa en muchas ocasiones, hablé en lenguas, Dios me usó en profecía, estudié para ser pastor, serví en el puesto de pastor por diez años, ayudé a los necesitados, etc. En fin, yo sentía que había experimentado todo lo que la vida evangélica tenía para ofrecerme. Sin embargo, dentro de mí decía, “Tiene que haber algo más”.

Aunque leía la biblia constantemente, no sabía que la vida en Dios no se trataba de las cosas que mencioné antes. La vida en Dios se trata de “participar” en Aquel que vive en mí y que es fiel todo el tiempo, aunque las circunstancias traten de decirme lo contrario. En muchas ocasiones juzgamos el carácter de Dios por medio de las circunstancias en vez de ver las circunstancias por medio del carácter de Dios.

Es interesante ver que Jesús en Juan 15 habla de una vid, de un viñador y de las ramas. Él dice que el Padre es el viñador, Él es la vid y nosotros las ramas. El Padre cuida y tiene cuidado del viñedo en todos los aspectos. La vid es quien sostiene a todas las ramas y es quien produce fruto por medio de las ramas. Ahora, las ramas fueron llamadas a ser “parte” de la vid con el propósito de cargar el fruto que la vid produce. Las ramas no producen el fruto sino que al “participar” de la vid, estando “pegadas” a ella, la vid se manifiesta por medio de las ramas en forma de uva.

Las ramas no son parte de la vid para que no las echen al fuego. Las ramas son parte de la vid para participar de la vida que hay en ella y el fruto se pueda dar. Si la rama no “participa” o como Jesús dijo, “permanece” (Juan 15:5) en la vid, no puede dar fruto. Es más, dijo que la rama no podía hacer nada sin la vid.

Esta participación para la cual fuimos llamados se da en el contexto de nuestra vida diaria. Cuando tenemos conciencia de la “vid” en nosotros, tenemos la oportunidad de extraer vida de ella desde que nos levantamos hasta que nos acostamos. Más aun, mientras dormimos podemos “participar” de esa vida. Mientras trabajamos, cuando comemos, cuando estamos jugando, cuando estamos leyendo, cuando compartimos con alguien, cuando tenemos problemas, cuando no los tenemos, cuando nos enojamos, cuando estamos tranquilos; en fin, en todo momento tenemos la oportunidad de participar de la vida de Cristo en nosotros. Sólo tenemos que mirar en nuestro espíritu, donde está Él, y comunicarnos en forma sencilla y dejar que su amor nos arrope.

Es necesario dejarse llevar por Él para participar. Usualmente a nosotros nos gusta tener el control de las relaciones, pero con Dios es necesario ceder y permitir que sea Él quien nos enseñe a participar de su persona. No hay una forma correcta para vivir esta experiencia. Dios puede hacerlo de muchas maneras. Lo que se necesita es tener conciencia de Él y permitir que su Espíritu nos guíe hacia Él mismo.

Recuerda, Dios está (es) Firmemente Incrustado En La vida tuya para que “participes” de Su amor y Su gracia siempre. ¡Aleluya!

Por: Javier

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