Inseparable Unión

Posted by on Ene 6, 2016 in Artículos por Javier, Vida Práctica | 0 comments

coffee_milkCuando a la leche caliente se le echa café para hacer “café con leche” es imposible separar el uno del otro. Ocurre una unión que es exquisita al paladar del que lo toma. Cuando era joven no acostumbraba a tomar café. Sin embargo, con el pasar de los años, viajando a diferentes países y compartiendo con personas distintas he desarrollado el hábito de tomar café.

El tomar café con leche regularmente no sólo ha provocado un hábito que deleita mi paladar, sino que también me ha creado conciencia de una realidad espiritual que me ha ayudado en mi caminar diario con Dios.

Desde que tuve una experiencia real con Dios en mi juventud mi deseo era agradarle lo más posible. De alguna u otra forma a veces lo lograba y en otras ocasiones, no. Esto producía frustración y hasta coraje dentro de mí. Trataba con ahínco el serle fiel a Dios con mis acciones, pero por alguna razón no podía ser consistente con esa fidelidad.

Llegué a la conclusión de que el problema era yo. Me culpaba por mi “falta de compromiso” y “poca disciplina” para las cosas de Dios. Me preguntaba, ¿Por qué otros pueden vivir en victoria y yo no? Esa era la pregunta que me perseguía constantemente y hacía mi vida con altas y bajas. La constancia en mi vida era la inconstancia. No sé si algún lector entiende de lo que hablo.

Pero un día Dios me reveló una verdad que traspasaba la información que había recibido al respecto. Dios y yo somos uno. Cuando yo creí y recibí la revelación de la vida de Dios en mí, por poco ocurre un corto circuito en mi mente. Por supuesto que como cristiano había escuchado eso en muchas ocasiones. Incluso lo enseñaba. Dios está en mí.

Ahora, llegó un momento donde estas palabras dejaron de ser simple información que alimentaba mis neuronas cerebrales y pasaron a ser vida. La conciencia de la unión de Dios conmigo transformó mi forma de actuar y conducirme en mi diario vivir. Me di cuenta por experiencia de las palabras de Jesús cuando dijo, “Separados de mí nada pueden hacer.” Juan 15:5

La unión de Dios conmigo, la unidad inseparable con la divinidad, su presencia continua fusionada conmigo, alteró toda mi vida. Se abrieron los ojos a una nueva forma de vivir. Mis inseguridades se desvanecieron y pude empezar a disfrutar la vida abundante que Dios había siempre querido para mi vida.

Dejé de mirar hacia arriba para dirigirme a Dios. Empecé a mirar hacia dentro, en mi espíritu donde Él habita de forma permanente. Además, su vida es el motor que me ayuda a enfrentar los retos diarios en esta tierra.

La dependencia de Dios ha ido en aumento a medida que tengo conciencia de la unidad que tengo con Dios. La relación e intimidad se van desarrollando en una mayor profundidad y realidad con la Vida eterna. El descanso de Dios ha dejado de ser doctrina y ahora es vida real. No hay palabras para describir esta maravillosa experiencia de unidad. Y sobre todo, no hay nada ni nadie que pueda separarme de mi Dios.

Hoy puedo decir como Pablo, “Para mí el vivir es Cristo“… como el café con leche.

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