La Influencia Interna

Posted by on Ago 20, 2017 in Artículos por Javier, Libertad, Vida Práctica | 0 comments

Una de las palabras en nuestro vocabulario que causa mayor stress es la palabra obediencia. En los círculos religiosos se trata como la palabra mágica en muchas ocasiones para obtener algo de Dios o agradarlo. Obediencia puede ser para unos la mayor expresión de amor. Para otros puede ser símbolo de opresión.

Esta palabra tiene la capacidad de producir una carga excesiva en las emociones y pensamientos de aquellos que piensan no haber cumplido con ella. Por el contrario, la misma palabra tiene la capacidad de producir satisfacción y tranquilidad en aquellos que entienden que la han llevado a cabo a plenitud.

La Biblia dice en Hebreos 5:8-9 (NBLH),

Aunque era Hijo, aprendió obediencia por lo que padeció; y habiendo sido hecho perfecto, vino a ser fuente (autor) de eterna salvación para todos los que Le obedecen.”

Esta traducción de la Escritura nos hace creer que el padecimiento de Jesús fue lo que produjo, enseñó y desarrolló la obediencia en Él. En adición, nos hace creer que la salvación es para los que obedecen. De hecho, este acercamiento a este pasaje se ve en casi todas las traducciones de la Escritura.

Sin embargo, quisiera traer a su consideración otra perspectiva con relación a la palabra obediencia. La palabra obediencia en griego es la palabra “hupakoé”. Es una palabra compuesta de “hupo”, “subordinado o bajo la influencia de” y la palabra “akouo”, “oír, escuchar”.

Esto quiere decir que el significado literal de la palabra que se traduce como obediencia es “estar bajo la influencia de lo que se oye“. Sabiendo esta verdad, leamos Hebreos 5:8-9 en la traducción “El Espejo” de Francois du Toit,

Como hijo, él tenía el hábito de oír de arriba; Lo que él oyó lo distanció del efecto de lo que había sufrido. Por su perfecto oír él liberó para siempre a la humanidad a fin de que puedan oír lo que él había oído.”

¡Qué diferencia! El obedecer o actuar bajo la influencia de lo que se oye no es enseñado por medio del sufrimiento. Es aprendido por medio de una relación continua. Jesús estableció que Él no hacía nada por cuenta propia. (Juan 5:19, 30; 12:49; 14:10)

Todo lo que hacía o decía era bajo la influencia del Padre y el Espíritu. Esta era una intimidad y conciencia de inclusión natural en su relación. Jesús estaba consciente en todo momento de que el Padre, el Espíritu y Él son uno.

En adición, la salvación fue para toda la humanidad, no para los que obedecen. La obediencia de Jesús liberó a todos para tener la capacidad de oírle en todo momento. Lamentablemente, no todos le quieren oír. Eso no los hace “no salvos”, los hace “sordos por selección”.

La obediencia o “perfecto oír” de Jesús trajo como resultado el abrirnos los ojos a la realidad de que somos uno con Él, el Padre y el Espíritu. Su oír es nuestro oír. Su relación es nuestra relación. Su influencia es nuestra influencia. Su obediencia es nuestra obediencia.

Estamos en una unión de influencia donde nos escuchamos mutuamente, Padre, Hijo, Espíritu y nosotros. Él nos oye y nosotros le oímos. Jesús dijo que aun el Espíritu está bajo la influencia de lo que oye (Juan 16:13) y nos enseñaría igualmente lo que somos en Dios. Su enseñanza es dulzura para nuestra alma. Estamos conociendo por medio de Su voz que somos libres y estamos completos en la Trinidad.

La obediencia no es una carga, ni requisito para nada. Es una influencia divina donde el cariño de nuestro Dios nos revela Su amor y dulzura. Esto es paz y libertad para mi alma.

El mundo pasa por un momento de mucho ruido donde las malas noticias abundan por todos los medios. Sin embargo, nada de lo externo puede silenciar la voz de nuestro Amado desde nuestro interior. Sólo tenemos que tomar tiempo para oír el susurro ensordecedor de Su Vida en nosotros.

Si actuamos bajo la influencia de lo que oímos de Dios en nuestro espíritu, el amor tomará preeminencia en nuestras acciones y éstas acallarán las incesantes noticias que confunden, distraen, agobian, preocupan y atemorizan.

La obediencia de Jesús nos preparó para oír. Ahora, la influencia de su Voz nos permite actuar en unión con Él compartiendo Su amor a todos en libertad.

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