La Necesidad Suplida

Posted by on Mar 27, 2012 in Artículos por Javier, Vida Práctica | 0 comments

Uno de los mayores problemas nuestros como seres humanos es la inconformidad por causa del sentimiento de insatisfacción. Con frecuencia las personas se sienten inconformes o insatisfechas con sus vidas.

Los logros alcanzados no son suficientes para sentirse plenos. Las posesiones están ausentes de satisfacción. Mientras más se tiene, más se quiere. Se choca con la triste realidad de que no hay pareja que te haga feliz como se había dicho. El trabajo perfecto que haría que no hubieran más necesidades materiales es realmente un lugar de desasosiego y tensión constante.

La insatisfacción impera en nuestra sociedad. Lo que se había dicho que provocaría felicidad realmente no era así.

¿Habrá alguna solución?

La Biblia dice en Efesios 1:3, “Toda la alabanza sea para Dios, el Padre de nuestro Señor Jesucristo, quien nos ha bendecido con toda clase de bendiciones espirituales en los lugares celestiales, porque estamos unidos a Cristo.

La verdad es que hemos sido bendecidos con toda clase de bendición en Cristo. El desconocimiento de esta gran verdad produce que se viva con insatisfacción porque Dios ya ha suplido toda necesidad que tenemos.

No voy a ser tan ingenuo como para creer que no hay momentos donde nos sentimos desprovistos, solos, insatisfechos aun cuando todas nuestras necesidades han sido suplidas. Claro que pasamos por esos momentos, pero el yo sentirme de esa manera no quiere decir que mi sentimiento es lo verdadero.

Por ejemplo, cuando Jesús estaba en la cruz se sintió desamparado y solo. Él dijo, “Dios mío, Dios mío, ¿Por qué me has desamparado?” Hay teólogos que dicen que en ese momento ocurrió una separación entre el Padre y el Hijo. De hecho, yo creía eso también aunque no tenía forma de explicarlo. La verdad es que no hubo tal separación. Jesús, como humano, se sintió solo, pero la verdad es que el Padre estuvo con y en Él en todo momento.

De igual forma, hay momentos en que nos sentimos insatisfechos, incompletos, incapaces porque nuestros sentimientos son fuertes y nos hacen sentir de esa manera.

Se busca otro trabajo, otra pareja, otra vivienda, otros pasatiempos porque se vive en insatisfacción. No quiero decir con esto que todo aquel que busca trabajo, vivienda, etc. es que está insatisfecho. Digo que hay veces que la motivación para hacerlo es insatisfacción.

Dios no suple las necesidades

Colosenses 2:9-10 dice, “Pues en Cristo habita toda la plenitud de Dios en un cuerpo humano. De modo que ustedes también están completos mediante la unión con Cristo, quien es la cabeza de todo gobernante y toda autoridad.

Toda la plenitud de Dios está en Cristo. Cristo está en nosotros. Por ende, toda la plenitud de Dios está en nosotros. Dios ya no tiene que suplir nuestras necesidades porque todas están suplidas en Cristo. La clave en ambos pasajes, Efesios 1:3 y Colosenses 2:9-10, es la “unión con Cristo.” En Él estamos completos y satisfechos.

Se podría argumentar que las necesidades espirituales están suplidas, pero las terrenales no. El hacer esta diferencia crea una situación interesante. Se podría decir que en el mundo invisible puede haber satisfacción, pero en el mundo visible no. También se podría decir que Dios es real en el mundo invisible, pero en el visible no porque todavía “siento” necesidades terrenalmente.

La verdad es que Cristo no hace diferencia en la bendición. Su obra abarca ambos ámbitos, espiritual y terrenal, aun cuando yo no lo crea o lo sienta. Su bendición no depende de mi convicción. La verdad no está sujeta a mis experiencias. Mis experiencias validan o no la verdad subjetivamente, pero no objetivamente. O sea, lo que yo vivo no determina lo que es verdad o no. La verdad de la bendición y la plenitud de Dios en mi vida es verdad, lo crea o no.

Por ejemplo, la gravedad es un hecho irrefutable para todo ser humano. Puede que yo no crea en la gravedad, pero eso no invalida la misma. La gravedad es real, lo crea o no. Cuando yo veo o experimento que lo que sube, baja, entonces esa experiencia valida la gravedad para mí en ese momento, pero no se hace verdad en ese momento. Ya era verdad aunque no lo hubiera experimentado. En ese momento se hizo real para mí.

De igual forma, la bendición de estar completos en Cristo es verdad aunque no lo haya experimentado todavía. En Cristo, todas nuestras necesidades han sido suplidas. Yo tuve un profesor de Biblia, Dr. Paul Fink, que decía, “Todo quiere decir todo y eso es todo lo que todo quiere decir.” Cuando digo que “todas nuestras necesidades” han sido suplidas en Cristo, quiero decir todas.

Cuando creo en esta realidad de vida, puedo llegar a ser participante de la misma. La fe nos permite saborear la verdad de que hay satisfacción plena en la persona de Jesús. Una satisfacción que no se limita a nuestro futuro, es una satisfacción que opaca cualquier situación terrenal. Cuando creo que en Cristo estoy completo, comienzo a vivir desde la perspectiva de plenitud, no de escasez o insatisfacción. Ya no vivo para ser satisfecho, porque estoy satisfecho, vivo.

Aunque nuestros sentimientos y pensamientos pueden decirnos que nos falta algo, la verdad es que la fe nos permite experimentar que estamos completos y suplidos en Cristo.

Dios no suple mis necesidades porque ya las suplió TODAS.

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