Libertad, ¡Oh, Preciosa Libertad!

Posted by on Mar 1, 2012 in Artículos por Javier, Libertad | 0 comments

No hay nada más valioso en la tierra que la libertad. La libertad nos permite disfrutar todas aquellas cosas que nos rodean. Desde las personas hasta la naturaleza, todo es maravilloso cuando la libertad es experimentada. La libertad es tan maravillosa que hay quienes están dispuestos a morir por alcanzarla. Realmente tiene un valor incalculable. Sin embargo, para disfrutar de la libertad no hay que morir, hay que conocer.

Jesús dijo que el conocer la verdad produciría libertad real. (Juan 8:32) Hay quienes dicen que la verdad liberta. Lamentablemente eso no es cierto. El conocimiento de la verdad liberta. Este conocimiento de la verdad tiene un nombre, Jesús. Es por eso que dice en Juan 8:36, “Así que, si el Hijo los hace libres, ustedes son verdaderamente libres.” Jesús nos hizo libres del pecado y de la muerte desde la fundación del mundo. (Apocalipsis 13:8; Efesios 1:4; Hebreos 4:3)

Hay quienes han recibido el perdón en sus vidas, han sido librados del pecado y de la muerte por medio de Cristo, pero viven como esclavos. Yo los comparo con aquellos que salieron de Egipto, pero murieron en el desierto. Fueron librados de la esclavitud física, pero su interior quedo cautivo en Egipto. De los libertados de Egipto se convirtieron en esclavos del desierto. Yo viví así por mucho tiempo pensando que estaba viviendo en libertad. Estaba equivocado.

Al pensar en cómo viví los primeros 27 años en el evangelio, me doy cuenta que era libre para unas cosas, pero en otras era esclavo. Yo creía que era libre, pero en realidad estaba cautivo dentro del sistema religioso. Vivía “para agradar a Dios.” Vivía “guardando el testimonio.” Vivía “evitando pecar.” Vivía “queriendo cumplir los mandamientos de Dios.” Vivía “asistiendo a la iglesia.” En fin, era una vida que “parecía” libertad. Hubo momentos buenos y gloriosos, pero esos momentos no negaban la realidad de que libertad no era lo que vivía.

Colosenses 2:20-23 dice,

Si habéis muerto con Cristo a los principios elementales del mundo, ¿por qué, como si aún vivierais en el mundo, os sometéis a preceptos tales como: no manipules, no gustes, no toques (todos los cuales se refieren a cosas destinadas a perecer con el uso), según los preceptos y enseñanzas de los hombres? Tales cosas tienen a la verdad, la apariencia de sabiduría en una religión humana, en la humillación de sí mismo y en el trato severo del cuerpo, pero carecen de valor alguno contra los apetitos de la carne.”

Hay cosas que nos enseñaron, bien intencionadas, pero la verdad es que eran enseñanzas humanas que no conducían a una vida de libertad. Sólo el Hijo puede libertar. Todo lo demás que se ofrece como libertad es falso. Aunque suene bonito.

El conocimiento de Cristo es demasiado liberador como para compararlo con cualquier otra cosa. Sólo aquel o aquella que lo ha experimentado entiende lo que estoy diciendo. La libertad es comprendida sólo por aquellos que han vivido en carne propia la liberación.

Cristo es nuestra libertad. Añadirle algo a la relación con Él es esclavitud. Su persona, presencia y poder son suficientes para preservarnos permanentemente en Su libertad. Como dijo Pablo en Colosenses, las demás cosas tienen “la apariencia de sabiduría en una religión humana.” La verdad es que esclavizan. Parece libertad, pero no es libertad.

Hay quienes aman a Dios, pero viven esclavos de normas, reglas, puestos, requerimientos y responsabilidades. Su destino está asegurado y libre de la condenación, pero están cautivos en el presente. Lo que mencioné anteriormente gobierna la vida de muchos, tal como ocurría en mi vida. Pensaba y creía que era libre porque había recibido a Cristo en mi vida, pero vivía esclavizado por los requerimientos impuestos por las enseñanzas humanas esclavizantes. Parecían de Dios, pero no eran de Dios.

Fui libre para ser libre. Hoy soy libre para amar. Soy libre para cantar. Soy libre para vivir. Nada es comparable a esta libertad porque en ella sé quien soy y jamás dejaré de ser quien soy. Además, esa libertad jamás la podré perder porque está garantizada por la presencia del Espíritu Santo en mi vida. (2 Corintios 1:22)

Libertad describe la realidad de Dios en mi vida. Nada me puede esclavizar porque el Hijo me hizo libre. Vivo tranquilo y duermo tranquilo porqué sé que no tengo ni debo cumplir con requisitos impuestos por seres humanos para estar “bien” con mi Dios. Su libertad me permite disfrutar sin temor Su persona hoy y siempre. Eso es suficiente…

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