Más Allá De Mis Fuerzas

Posted by on Jun 8, 2012 in Artículos por Javier, Vida Práctica | 0 comments

lion_cubDios no pone cargas que nosotros no podamos llevar.” Este es un refrán muy usado. Sin embargo, hoy tengo que decir que no es cierto.

El refrán parte de una premisa que no es cierta. Se infiere que nosotros tenemos la capacidad de llevar alguna carga. La verdad es que no podemos ni siquiera alargar nuestra vida un segundo aunque quisiéramos.

Además, se cree también erróneamente que Dios es quien provoca nuestras crisis, dolores y sufrimientos. Dios no pone ninguna carga sobre nosotros. Por el contrario, nos invita a que le entreguemos nuestras cargas y descansemos en Él.

Observa lo que dice en 2 Corintios 1:8-9, “Amados hermanos, pensamos que tienen que estar al tanto de las dificultades que hemos atravesado en la provincia de Asia. Fuimos oprimidos y agobiados más allá de nuestra capacidad de aguantar y hasta pensamos que no saldríamos con vida. De hecho, esperábamos morir; pero, como resultado, dejamos de confiar en nosotros mismos y aprendimos a confiar sólo en Dios, quien resucita a los muertos.

En este pasaje Pablo narra la experiencia de crisis que pasó. Él dice que fue “oprimido y agobiado más allá de (su) capacidad de aguantar.” O sea, pasó por una experiencia que era mayor de lo que podía sobrellevar.

Esa experiencia fue tan fuerte que pensó que moriría. ¿Cuántas veces pasamos por experiencias que quisiéramos morirnos?

Experiencias que nos llevan hasta el borde de nuestra existencia. Experiencias que drenan todo el aliento de vida de nuestro ser. Momentos donde deseamos escapar lejos y nunca más volver. ¿Entiendes lo que digo?

Si pensáramos que Dios es quien provoca ese dolor, ¿Qué esperanza tendríamos? El salmista dijo, “Mi única esperanza está en ti.” (Salmos 39:7)

¿Qué se puede sacar de una experiencia que nos lleva al fin de nuestras fuerzas?

Dios no desperdicia ninguna oportunidad para manifestar Su amor hacia nosotros. Pablo dijo, “como resultado, dejamos de confiar en nosotros mismos y aprendimos a confiar sólo en Dios.

Aunque Dios no provoca nuestro sufrimiento, aprovecha la oportunidad para permitir que lleguemos al fin de nuestras fuerzas. De esa manera, sólo queda Él. En Él lo tenemos todo.

El dolor que excede nuestras capacidades provoca el fin de nuestra convicción de que podemos. El amor de Dios nos invita a confiar sólo en Él. Dejamos de confiar en nosotros y confiamos en Él.

Nuestras fuerzas nos llevan a tratar de salir de las crisis lo más pronto posible. Dios en Su amor usualmente nos carga a través de las mismas sin prisa. Esto no es fácil de comprender y difícil de explicar. Pero vivirlo es único.

Sin Dios nada podemos hacer. Esta es una realidad demasiado preciosa que demuestra el amor de Dios por nosotros. Dios anhela hacer todo con nosotros. Su amor siempre está susurrando a nuestro oído, “Confía en mí.

Ese susurro dulce y cariñoso es constante. El pensamiento de Dios está todo el tiempo dirigido hacia el objeto de Su amor, tú y yo. “Entiendo tu dolor, comprendo tu sufrimiento,” dice Dios suavemente. “Estoy aquí. Estoy contigo. Confía en mí.” Continua diciendo.

Un Dios que nos ama con amor eterno jamás pondrá cargas sobre nosotros. Siempre las quitará. Hoy Su amor me fortalece porque vivo con la confianza de que aunque viva experiencias que superan mis habilidades o capacidades, Su amor siempre me sostendrá.

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