Necesitados de la Cruz

Posted by on Jun 29, 2012 in Artículos por Javier, Vida Práctica | 0 comments

Meditando en el Señor hoy me doy cuenta que sólo Él es real. No es que no lo supiera. Es que he internalizado esa realidad hoy más que ayer. Muchos probablemente no me entenderán. Todo este mundo ofrece sólo relatividad y superficialidad.

El único que tiene sustancia, pertinencia y realidad es nuestro querido Dios. Se vive en un mundo lleno de egoísmo. El centro de este mundo es el ser humano. Todo lo que se hace es pensando en el ser humano primero.

Aun cuando se habla de salvación, lo que se piensa es en el ser humano. Muchos han aceptado a Cristo en sus vidas por escapar del infierno. La motivación principal, en muchas ocasiones, no es relacionarse con el Creador. Al contrario, se usa al Creador para ser librado del dolor y el sufrimiento.

En Mateo 16:23 Jesús dijo, “Pero volviéndose El, dijo a Pedro: ‘¡Quítate de delante de Mí, Satanás! Me eres piedra de tropiezo; porque no estás pensando en las cosas de Dios, sino en las de los hombres.’”

Satanás exalta el egoísmo y lo manifiesta a través de los seres humanos. Recuerden que cuando Adán pecó, la naturaleza de pecado se impregnó en la carne.

¿Hay alguna solución?

La única solución para la carne es la cruz. La carne es el deseo que hay en el cuerpo de vivir en forma independiente de Dios donde se piensa siempre primero en uno. La carne siempre quiere vivir sujeta a las leyes porque esas son las que estimulan el pecado que hay en ella.

No quiero decir con esto que se viva en forma anárquica. Lo que quiero establecer es que por encima de las leyes y preceptos humanos está el amor de Dios. El que ama, ya cumplió con todas las leyes sin que cumplirlas sea su motivación principal.

Por medio de la cruz de Jesús el poder del pecado se anula. Esto produce que el egoísmo no se manifieste. Cuando no se ha sido procesado por la cruz, el bienestar personal impera en la vida de los seres humanos.

El deseo de controlar la vida de los demás se vuelve real si la cruz no se experimenta en la vida de las personas. El deseo de controlar al esposo, esposa, hijos, sobrinos, amistades, compañeros de trabajo. En fin, se desea controlar a todos. Incluso a Dios.

Hay dos aspectos relacionados con la cruz. Son dos caras de la misma moneda por decirlo de alguna manera. Está el aspecto objetivo y el aspecto subjetivo de la cruz.

Aspecto objetivo de la cruz

El aspecto objetivo es donde se tiene conocimiento de lo acontecido en la cruz del Calvario. Este es el aspecto histórico de ese evento. La mayoría de las personas y creyentes conocen este aspecto de la cruz. Es por eso que se celebra año tras año la llamada Semana Santa o Semana Mayor.

También en este aspecto es cuando se conoce que todos fuimos incluidos en ese evento. Como dice en Romanos 6:6, “Sabemos esto, que nuestro viejo hombre fue crucificado con Cristo…”

Muchos dicen que fueron incluidos en el sacrificio de Cristo en la cruz. Esto es cierto. Sin embargo, saberlo solamente no tiene ninguna consecuencia práctica en la vida de los que lo saben.

Por mucho tiempo yo hablaba de esto sin conocer por experiencia de que se trata. Esto me lleva al segundo aspecto de la cruz, el aspecto subjetivo.

Aspecto subjetivo de la cruz

Este aspecto trata de cuando ese evento se revela a nuestras vidas y experimentamos el mismo en carne propia. No quiero decir que nos ponen en una cruz literalmente.

Hablo de cuando esa cruz quebranta nuestros deseos carnales y rompe con la necesidad de ponernos primeros en la vida. Es cuando nuestra alma queda rendida ante Dios reconociendo verdaderamente que sin Él somos nada. El alma deja de controlar y se somete al espíritu.

Es cuando esa cruz hace una operación donde transforma nuestros más íntimos deseos y anhelos. Todo lo de este mundo es aborrecido por cada fibra y célula de nuestro cuerpo. Es cuando nuestro espíritu controla todo nuestro ser anhelando sólo y exclusivamente a Dios.

El aspecto subjetivo de la cruz provoca un hambre y sed desesperante por la persona de Cristo. Sus obras a favor de nosotros no tienen relevancia porque Su persona es todo lo que necesitamos.

La cruz en forma subjetiva se hace real con las palabras del salmista cuando dice, “Mi alma tiene sed de Ti, del Dios vivo.” Estas palabras dejan de sonar bonitas y se convierten en el grito interior nuestro. Un grito desesperante que provoca una búsqueda de Él como nada en esta tierra.

Cuando escribo estas líneas mi ser está a punto de explotar y gritar, “¡¡¡Sáciame, Dios, contigo y nada más!!!”

Muchos han malinterpretado y no han conocido realmente esta parte de la cruz. Creen que sufrir y pasar por momentos de dolor los hace automáticamente haber experimentado el lado subjetivo de la cruz.

Al contrario, muchos que han pasado por dolor extremo se han hecho más orgullosos porque tienen la experiencia para decir que sobrevivieron lo peor de la vida terrenal y están de pie. Pero de la cruz en sus vidas, nada.

La cruz en forma subjetiva transforma de adentro hacia fuera cada deseo y anhelo que hay en uno. Dios como amor se empieza a expresar en cada aspecto de la vida práctica.

El bienestar común toma preeminencia en todos los aspectos diarios de vida. Impera la ternura y compasión por encima de la razón. La doctrina no es importante cuando se ha pasado por la cruz realmente porque lo único que importa es Cristo. Y en Él se cumple toda la doctrina.

Permita Dios y todo el que lee este artículo hoy experimente lo que Cristo ya hizo en la cruz por y con nosotros…

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