No Podemos Mejorarnos

Posted by on Ago 13, 2017 in Artículos por Javier, Vida Práctica | 0 comments

Legalismo es un sistema de vida en el cual tratamos de hacer un progreso espiritual o ganar las bendiciones de Dios basándonos en lo que hacemos. -Steve McVey-

Hace años atrás trataba de alcanzar muchas metas en la vida pensando que logrando el triunfo, llegaría mi vida a tener sentido. A nivel personal o deportivo siempre pensaba en ser el mejor, el número uno. La competencia estaba presente en todos los aspectos de mi vida. No me gustaba perder ni jugando cartas. Fue algo con lo que crecí y me desarrollé.
Ante los ojos de todos esto puede parecer muy bueno porque trata de justificar el no conformarse, el seguir hacia adelante aunque las cosas no salgan bien o como uno espera. Se estimula a dar el 100% o más, lo que eso quiera significar aunque sea imposible.

El ver la vida desde la perspectiva de competencia no estimula a las relaciones. Todo el tiempo uno ve a los demás como la competencia en vez de verlos como el complemento. Ganar es la meta de todos porque de los perdedores nadie se acuerda. Esta es una de las frases que uno oye. Igual que cuando hablan de los valientes. Se dice que de los cobardes no se ha escrito nada.

Nuestros logros no definen nuestra identidad. Nuestros mejores esfuerzos no determinan nuestro valor.

Por supuesto que corro el riesgo de que me acusen ahora de conformista y de que estoy promoviendo el no dar lo mejor de uno. Nada más lejos de la realidad. Lo que pasa es que el 100% fue dado para que nosotros participemos de Él. ¿Para qué alcanzar aquello que fue alcanzado? Cuando Jesús dio el todo por nosotros también lo dio como nosotros. Quiere decir que estábamos allí con Él aunque no hubiéramos nacido. Al igual que cuando Adán pecó y todos pecamos aunque no estuviéramos allí físicamente.

Hay una realidad que sobrepasa todo el esfuerzo que uno pueda hacer en esta vida. Es una realidad capaz de cambiar el rumbo de una persona 180 grados. Es una realidad que es sumanente fácil de explicar, pero muy difícil de recibir o creer. Esta es la realidad de Dios.

Mi Dios me ha revelado por experiencia lo que voy a compartir. Dios es vida y la vida no se enseña, la vida se vive. Dios no dijo por medio de Jesús cuando se encarnó que vino a enseñar vida. Jesús dijo, “he venido a dar vida y en abundancia”. (Juan 10:10b) La religión, incluyendo el cristianismo, promueve el mejoramiento de aquellos que le siguen porque no han alcanzado la meta final o están incompletos.

Termina de leer para que entiendas lo que estoy tratando de decir. Por años viví sintiéndome incompleto y sentía la necesidad de lograr metas para demostrar mi valor como ser humano o para sentirme “completo”. Aunque no anduve en vicios como las drogas o el alcohol, mi incorfomidad como ser humano en muchas ocasiones me consumía por dentro. Me sentía la persona más miserable del mundo y trataba de hacer muchas cosas para apaciguar esa inconformidad interior.

Dentro del contexto eclesiástico la inconformidad aumentó porque intentaba ser el mejor cristiano posible. Leía libros y veía como los “grandes” hombres de la historia cristiana hacían muchas cosas para lograr lo mejor para Dios. Luego, trataba de emularlos consiguiendo en ocasiones el fracaso o pensaba que lo que yo hacía no era suficiente. Me comparaba con ellos y me sentía fracasado.

En otras ocasiones, haciendo las cosas mencionadas anteriormente me hacían sentir en la nube nueve. Esto me hacía conluir que por “mi decisión, voluntad y/o determinación” había alcanzado lo que me había propuesto. Me sentía “espiritualmente” súper bien cuando esto ocurría. Me decía a mí mismo que lo había logrado, “con la ayuda de Dios”. Me engañaba creyendo que mis esfuerzos lograron los resultados.

No es hasta que Dios me revela que mi vida era una legalista aunque enseñaba de la gracia. Cuando entendí el significado de legalismo entendí que estaba tratando de vivir una vida nueva con un sistema operativo viejo, caducado, obsoleto.

Oraba, leía la Biblia, ayunaba, asistía a los servicios eclesiásticos, evangelizaba, predicaba, en fin, hacía todo lo que me habían enseñado con el propósito de “alcanzar la bendición” de Dios para mi vida. Cada una de estas cosas que he mencionado no son negativas en sí mismas. Pero cuando uno trata de usarlas para mejorar o alcanzar algo de Dios, no sirven para nada. Me imagino a muchos legalistas sacando versos para combatir mis declaraciones. El legalismo mantiene a sus sirvientes en oscuridad para que la libertad no se experimente, aunque sea la realidad de todo ser humano.

La relación con Dios no es una de mejoramiento, es una de refrescamiento. Para algunos, esto sonará casi como una blasfemia. Sin embargo, la gracia de Dios es suficiente. Esto quiere decir que lo que hizo Jesús al morir, resucitar y ascender ES SUFICIENTE. Las últimas palabras en la cruz no se entienden. Él dijo, “TODO ESTÁ TERMINADO”. Esto quiere decir que TODO lo que había que hacer fue hecho. ¿Qué queda por hacer? Nada. Dios nos invita a una vida de relación con Él donde su vida es el motor de vida y su fruto es el amor.

La revelación de Dios a mi vida es que en Cristo estamos completos. (Colosenses 2:10) Lo que Cristo hizo fue por toda la humanidad. (Romanos 5:18) Todo ser humano fue incluido en lo que Él logró satisfactoriamente. Todo ser humano es una nueva creación en Cristo, está completo en Él, vive en Él. No se puede mejorar aquello que está perfecto. (2 Corintios 5:14-17, Hechos 17:28-30) Por lo tanto, nuestras acciones no pueden mejorarnos, sino que son la manifestación de aquello que somos.

A medida que nos relacionamos con Dios vamos descubriendo lo que ya somos en Él. Las acciones que no concuerdan con lo que somos son sencillamente acciones que se realizan sin depender de Aquel que es la vida nuestra. (Colosenses 3:4) En otras ocasiones es que se desconoce lo que ya somos y actuamos como si no lo fuéramos. Esto lo que ocurre mayormente.

Si has llegado hasta aquí leyendo, me imagino que ahora entiendes cuando dije que es fácil de explicar, pero difícil de recibir o creer. La vida cristiana no se trata de lo que yo hago para alcanzar la meta, se trata de que la meta fue alzanzada en una cruz por Jesús y nosotros participamos de su victoria. Alguien me dijo anoche no vivimos para alcanzar la victoria, vivimos desde nuestra posición de victoria. Ya somos más que vencedores y estamos sentados en los lugares celestiales en Cristo Jesús. (Romanos 8:37; Efesios 2:6) Estamos aquí y allá a la misma vez.

¿Por qué esperar aquello que ya se cumplió? Vivamos el ahora sabiendo que Jesús es nuestra vida y nuestra perfección. Somos lo que Él ES. ¡Aleluya!

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