Oh, Dios, ¿Qué Hago?

Posted by on May 10, 2012 in Artículos por Javier, Libertad | 0 comments

El ser humano ha tratado desde que Adán pecó de hacer el bien y rechazar el mal. Ha sido una lucha intensa durante todo este tiempo. Una vez que Adán peca, entra en su vida el conocimiento del bien y del mal. Desde entonces, se trata de hacer el bien y evitar el mal.

Este deseo se ha extendido hasta la vida cristiana ignorando que la vida que trajo Jesús no tiene nada que ver con el bien ni con el mal. Los creyentes se han esclavizado sin conciencia al tratar de hacer el bien y evitar el mal.

Si le preguntamos a las personas si hay que hacer el bien, pienso que todos contestarían que sí. Si le preguntamos a cualquier creyente si cree que debe vivir haciendo el bien, pienso de igual forma que contestaría que sí.

No hay ningún problema con querer hacer el bien. La situación surge cuando no entendemos de que se trata el hacer el bien.

¿Cómo empezó todo?

Al principio de la creación habían dos árboles en el centro del Edén. Uno era el Árbol de la Vida y el otro el árbol del conocimiento del bien y del mal. Cada uno representaba un estilo de vida distinto y no compatibles el uno con el otro.

Dios anhelaba que Adán comiera del Árbol de la Vida porque quería habitar dentro del ser humano. Por el contrario, Adán comió del árbol del conocimiento del bien y del mal. Esto quiere decir que el ser humano obtuvo el conocimiento tanto del bien como del mal.

Aunque el conocimiento estaba, el poder o la fuerza para llevar a cabo el bien y rechazar el mal estaba ausente. El ser humano supo qué estaba bien, pero no podía realizarlo. Así mismo, sabía qué era el mal, pero no podía evitarlo. Empezó una situación desquiciante para el ser humano.

En adición, los conceptos del bien y del mal se desarrollaron separados de la persona de Dios y completamente subjetivos al ser humano. Este jamás había sido el diseño divino.

Efectos de la separación

Cuando Adán pecó, ocurrieron tres hechos de los cuales dos de ellos muchos creyentes desconocen y ha provocado que no se viva a plenitud la vida de Dios.

Cuando Adán peca:

1. El espíritu dentro de él cesa funciones. Su espíritu quedó inoperante. El lugar que Dios había preparado para vivir cerró operaciones por causa del pecado. Era imposible que Dios habitara dentro del ser humano. La mayoría de los creyentes saben sobre este hecho.

2. El alma se desarrolla irregularmente. Se expande el alma de una manera anormal provocando que se viviera sin depender del Creador. El conocimiento del bien y del mal hincharon la función del alma llevando al hombre a vivir fundamentado en su propio conocimiento. Esto creó un problema devastador porque entonces Dios dejo de ser indispensable en la vida del hombre. Aquel que es la Vida, estaba ausente en el diario vivir de la humanidad. El conocimiento sustituyó a la vida. La dependencia del Sostenedor de todo fue cambiada por la independencia y subjetividad del ser humano.

3. El cuerpo es transformado en carne adquiriendo el virus del pecado. Los árboles que estaban en el centro del Edén eran dos formas de vidas. Uno, el Árbol de la Vida, tenía en sí la vida divina, la Vida de Dios. El otro, el árbol del conocimiento del bien y del mal, tenía en sí la vida angelical porque Satanás es un ángel. El cuerpo recibió el pecado en sus miembros convirtiéndolo en carne.

Es por eso que el ser humano no puede con sus fuerzas hacer el bien y evitar el mal. Se tiene el conocimiento del bien y del mal, pero la fuerza que opera en la carne es más fuerte que el deseo humano. La forma de vida angelical que está en el pecado ejerce una fuerza mayor que la del ser humano. ¿Qué ocurre? La ley de Dios, que es buena, activa al pecado en la carne para evitar que se haga el bien y se realice el mal. (Romanos 7:14, 22-23)

¿Qué se puede hacer?

Pablo ofrece la solución en Romanos 7:25,

¡Gracias a Dios! La respuesta está en Jesucristo nuestro Señor.”

Jesús estableció algo nuevo. Es un principio que supera por mucho y liberta a todo aquel que confía en Su poder y presencia.

En una ocasión Jesús pasó por la siguiente experiencia,

Cierta vez, un líder religioso le hizo a Jesús la siguiente pregunta:
—Maestro bueno, ¿qué debería hacer para heredar la vida eterna?

—¿Por qué me llamas bueno? —le preguntó Jesús—. Sólo Dios es verdaderamente bueno.” (Lucas 18:18-19 NTV)

Jesús estableció que sólo hay uno bueno, Dios. Quiere decir que la bondad no es un conocimiento como pasó con el árbol al principio. La bondad es una Persona. El bien no es un conocimiento que se adquiere para tratar de hacerlo. Tampoco en un conocimiento para evitar hacer el mal. El bien es una forma de vida. Es la forma divina en la persona de Dios.

Esta realidad cambia radicalmente nuestra manera de vivir porque entonces nos libera de vivir tratando de hacer el bien y evitando el mal. Cuando Jesús murió y resucitó trajo de vuelta la oportunidad de comer del Árbol de la Vida de tal forma que se pudiera experimentar el bien, no sólo tener el conocimiento del mismo. Tratar de hacer el bien y evitar el mal es sustituido por confiar en Aquel que ES el bien. “Ya no vivo yo, vive Cristo en mí.” (Gálatas 2:20)

Este nuevo Árbol de la Vida nos lleva a experimentar la bondad en su esencia. No es saber del bien, es experimentarlo en todo nuestro ser.

Nuestro espíritu está vivo y activo por el bien de Dios en nosotros. Nuestra alma puede depender del espíritu y funcionar como conducto de expresión de esa bondad para otros. Nuestros pensamientos, voluntad y sentimientos viven en libertad porque el bien se manifiesta de adentro hacia fuera, de Dios hacia otros.

Lo único que falta es que este cuerpo corruptible se vista de incorruptibilidad y podamos saborear a plenitud la bondad de Dios en la persona de Cristo sin la limitación de la carne.

Todo mi ser anhela y espera ese día. Como decía el salmista,

Ciertamente tu bondad y tu amor inagotable me seguirán todos los días de mi vida, y en la casa del SEÑOR viviré por siempre.” (Salmo 23:6 NTV)

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