Pensamientos. . .

Posted by on May 7, 2012 in Artículos por Javier, Vida Práctica | 0 comments

La fortaleza de mi vida es Jesús. En momentos cuando no he podido continuar porque he tratado de solucionar todos los aspectos de mi vida, el Señor con su tierno amor me recuerda que Él es mi vida. Me frustro y me canso porque pierdo de perspectiva que Él es mi todo.

La fuerza de mi Dios nunca falta, aun cuando no puedo percibirla. Su eterno amor y poder son mi motor de vida. Cuando las circunstancias provocan que me desenfoque, su dulce presencia me trae de vuelta a la realidad, Él es mi Vida.

Todo cobra sentido y mis emociones se calman ante el suave toque de Su realidad. En el pasado los pensamientos me torturaban porque encima de mi debilidad y cansancio se unía el sentimiento de culpa porque pensaba que había hecho algo para que Dios no se dejara sentir en mí.

Hoy me alegra saber que Dios siempre está pensando en mí. No sólo eso, su pasión soy yo. Yo soy el objeto de Su amor. Él nunca desea que yo sufra y siempre está presente para socorrerme cuando me caigo o me abate el dolor. Su presencia es mi energía para continuar.

No sólo en los momentos cuando siento que no puedo más Él es mi fuerza, sino que también en los momentos cuando pienso que puedo. Aunque no reconozca que es Él en algunos momentos, mi Dios siempre es la energía vital en mi ser. Su Vida me hace respirar, caminar, trabajar. Todo es generado por Él y sostenido por Él.

Mi debilidad pone de manifiesto Su fuerza. Si esto es así, entonces quiero ser débil todo el tiempo para que “la excelencia del poder sea de Dios” y no mía. El mundo estimula a sus habitantes a ser fuertes y luchar. Mi Dios me ha enseñado que debilidad y descanso son el Camino trazado para todo ser humano.

Dependencia es la realidad que trasciende todo lo de este mundo. La raza adámica incita a vivir independientemente. La raza del nuevo hombre invita a depender totalmente del Originador y el que lleva a su cumplimiento la fe, Cristo.

Amor es la manifestación de aquellos que se fortalecen en Él. Muchos tratan de cumplir con “el mandamiento” de amar sin darse cuenta que no fue dado para cumplirlo, sino para manifestar que es imposible de cumplir. El ser humano no puede amar. Sólo Dios ama. Él en mí permite que pueda amar. Simplemente es la Vida en acción, amar es la acción de Su Vida en mí.

Las veces en que estoy extenuado, Su amor me da una energía sobrenatural que me arropa como la luz solar arropa la tierra al mediodía en un día claro. No soy yo, es Él en mí. La vida de otro absorbiendo mi vida, pero respetando mi identidad. Él y yo somos uno, aunque seguimos siendo dos. Inexplicable, pero disfrutable.

Jesús, mi fuerza y mi amor.

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