Reflexionando a Fin de Año

Posted by on Dic 30, 2012 in Artículos por Javier, Vida Práctica | 0 comments

Estamos a punto de ver cómo termina otro año y comienza uno nuevo. Los seres humanos durante este tiempo tienen diversos sentimientos. Unos se alegran y tienen grandes expectativas de lo que será y traerá el nuevo año.

Otros, por el contrario, se entristecen porque probablemente tuvieron un “buen año” y quisieran que no se acabara. Hay otro grupo que no tiene animosidad ante el evento anual de la humanidad. Simplemente viven el momento y no tienen expectativas positivas ni temores para el próximo año.

Todas éstas son expresiones válidas porque en la diversidad del ser humano hay enriquecimiento.

Hoy, meditando sobre el año que está a punto de culminar y en la brecha de un nuevo año, me doy cuenta que ha sido un año de sostenimiento. Un año donde he tenido conciencia por las experiencias vividas que mi Dios ha sostenido mi vida y la de mi familia.

Ha sido un año de cambios inesperados. Me sentí en muchas ocasiones como Abraham. No sabía para donde iba mi vida ni la de mi familia. Sólo descansaba en que Dios nos pasaría al otro lado sin saber qué esperar en ese lado.

Mi emociones fueron laceradas, mis sentimientos fueron lastimados profundamente en varias ocasiones. Pero a pesar del dolor intenso que viví, mi Dios siempre consolaba mi ser con Su dulce y fiel presencia. No me arrepiento de haber vivido esas experiencias porque por ellas tengo un conocimiento de mi Dios mucho más profundo.

A la misma vez puedo ver a los seres humanos con lentes diferentes. Siempre que uno comparte la vida de Dios con sinceridad y transparencia está expuesto a ser herido y no comprendido. A pesar de todo esto, el amor prevalece porque Dios es una realidad que se vive en las relaciones con los demás.

El perdón se manifiesta, sin necesidad de mandarlo u ordenarlo, porque la construcción de la familia de Dios sobrepasa las heridas y las motivaciones egoístas que puedan manifestarse en un momento determinado. El cuerpo trasciende al individuo.

Unos días atrás estaba con mi esposa recogiendo unas cartas en la oficina postal cuando la persona que nos atendía empezó a compartir del Señor con nosotros. Estaba tan entusiasmado hablando de Dios y quién es Él. Cuando de momento esta persona dice, “Dios hace todo al revés. El evangelio es al revés de lo que la gente piensa.”

Esas palabras me dejaron pensando. Uno tiene en muchas ocasiones expectativas sobre las cosas, eventos y personas. Sin embargo, Dios es especialista en hacer todo al revés de lo que el ser humano piensa.

Si quieres subir, Dios dice que hay que bajar. Si quieres salir, hay que entrar. Si quieres ganar, hay que perder. Si quieres recibir, hay que dar. Si quieres tener mucho, hay que perderlo todo. Si quieres vivir, hay que morir.

En estas paradojas divinas vivimos diariamente y de esa forma Dios manifiesta su sostenimiento en nosotros. Esto es lo que he vivido durante este año.

Queriendo subir, he tenido que bajar. Queriendo ganar, he tenido que perder. Perder en gran manera y con mucho dolor. Pero mi Dios siempre me hace ganar en Él. Esas “pérdidas” han producido ganancia.

Su conocimiento por medio del dolor no tiene comparación en esta tierra. No soy masoquista, pero he aprendido que en el sufrimiento y la oscuridad, el consuelo y la luz se viven con intensidad.

En la pérdida hay ganancia. De esta manera nuestra vista se levanta para mirar al que está por encima de todo y de todos. Su presencia es ganancia en cualquier circunstancia.

Su poder es mayor que cualquier debilidad que pueda experimentar. Su dulzura absorbe cualquier experiencia amarga.

Sí, al finalizar este año tengo que concluir que mi Dios me ha sostenido, me sigue sosteniendo y me seguirá sosteniendo porque vivo en Él. Y en Él estoy seguro. Que venga el próximo año…

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