Se Necesita Re-Enfoncar

Posted by on Ago 6, 2009 in Artículos por Javier, Vida Práctica | 0 comments

fourfingersLos momentos que estamos viviendo son unos muy difíciles. Las situaciones que nos rodean y las noticias que más se oyen, son aquellas que las personas pueden catalogar como negativas. Todo depende de con qué cristal se miran las cosas, como se dice comúnmente. La situación económica, la gripe porcina, el desempleo, los problemas familiares como la infidelidad, la violencia, por mencionar algunos. Todas estas situaciones están afectando la mente, el cuerpo y la vida de todos aquellos y aquellas que están rodeados por ellas.

Sin el deseo de criticar o juzgar, me pregunto, ¿Dónde está Dios en todo esto? Es que acaso, ¿Todas estas situaciones son mayores que Dios? Es que, ¿Dios ya no interviene directamente en la vida de los seres humanos?

En una ocasión Jesús estaba con sus discípulos en alta mar y se desató una tormenta tan fuerte que los discípulos “creyeron” que morirían. Mientras se desataba la tormenta, Jesús estaba durmiendo. Este descanso de Jesús fue interpretado por su discípulos como indiferencia. Le llegaron a gritar, “¡Maestro!, ¿no te importa que nos ahoguemos?”. Marcos 4:38 (NVI)

Muchas veces ese es nuestro clamor. No vemos acción por parte de Dios. Lo que percibimos es indiferencia. Creemos que nos vamos a morir o que nunca saldremos de la situación en la cual estamos.

Sin embargo, hay una realidad que trasciende las circunstancias y que sólo hace falta re-enfocar nuestra visión para darnos cuenta que Dios en nosotros es todo lo que necesitamos. Las circunstancias externas nos han hablado por mucho tiempo de lo mal que están las cosas y esto ha producido que lo que salga de nuestras bocas sea lo negativo. Por el contrario, cuando re-enfocamos nuestra vida en dirección a la persona de Dios, Su paz, Su descanso, Su tranquilidad y Su provisión,  inundan nuestro ser y aunque no cambien las situaciones externas, tenemos descanso en Su persona.

Re-enfocar no es negar las cosas que ocurren, es mirar más allá de las cosas que ocurren. O sea, es fijarse en una realidad mayor a las circunstancias externas y existentes. En la película “Patch Adams”, hay una escena muy interesante donde Patch está recluido en un hospital siquiátrico y conoce a una persona rica que le presenta cuatro dedos de la mano y le pregunta, ¿Cuántos dedos ves? Patch, sin pensarlo, contesta cuatro. El señor rico le contesta que la respuesta estaba mal. Esto dejó pensando a Patch y luego va y visita el hombre rico a su cuarto y le pide que le enseñe cuál es el secreto de los cuatro dedos. El hombre le muestra los cuatro dedos a Patch y le pregunta nuevamente cuántos dedos veía. Patch, otra vez, contesta cuatro. Ahora es cuando el hombre rico le pide que re-enfoque y mire más allá de los cuatro dedos y de momento Patch empieza a ver ocho dedos. Esto le enseñó que cuando uno mira lo que está de frente solamente, no puede encontrar o participar de las cosas que hay cuando se mira más allá. Hay que atreverse a mirar más allá el día de hoy para poder disfrutar de la abundancia que hay en Dios.

Hay varias cosas que ocurren cuando nos re-enfocamos en Dios:

  • La soledad se disipa. La soledad es el sentimiento y pensamiento que más ataca la vida del ser humano cuando pasa por momentos como los antes descritos. Uno piensa que nadie más está pasando por esa situación, que nadie entiende cómo uno se siente, que todo el mundo lo abandonó.

    Esto NO es verdad. El no entender cómo Dios funciona en algunas situaciones no quiere decir que Él nos abandonó o se olvidó de nosotros. Somos valiosos para Dios y aunque tardare su respuesta o solución, podemos estar seguros que Él NO nos deja nunca. “No temas porque YO estoy contigo…” Isaías 41:10

    En adición, hay muchos y muchas que están pasando por las mismas situaciones. Sólo se necesita compartir con otros y atreverse a decir realmente cómo se siente uno. En las iglesias tradicionales, usualmente, no se fomenta el compartir tus sentimientos reales porque esto lleva a la crítica y al juicio. Se condena al que comparte sus sentimientos reales diciendo que tiene poca fe, que no ora lo suficiente, que no se congrega como se supone, etc.

Te digo con confianza que no estás solo o sola en tus situaciones.

    Además, hay gente que entienden perfectamente cómo te sientes y no te van a juzgar cuando compartas tus sentimientos relacionados con las situaciones que te rodean. Todavía el cuerpo de Cristo está activo y funcionando. Re-enfoca y busca a alguien con quién compartir y no te juzgará.

  • Las fuerzas son recuperadas. Uno de los síntomas de aquellos que pasan por depresión es el desánimo y la falta de energías. Las fuerzas se agotan y uno no tiene deseos de hacer nada. Sin embargo, hoy podemos decir con certeza y convicción que, ¡Dios es nuestra fuerza! Nuestra vida es fortalecida en una manera sobrenatural porque el estímulo para nuestra vida ya no es externo sino interno. El Dios que habita en nosotros permanentemente empieza a dejarse sentir porque le estamos permitiendo que tome el control. Uno se cansa cuando trata de solucionar las situaciones y no pasa nada. Ahora, cuando nos re-enfocamos en Jesús, él nos dice, “Siéntate, yo me hago cargo”. Cuando eso ocurre ya no estamos gastándonos porque la fuerza la está haciendo Él.
  • El descanso se empieza a manifestar. Las noches largas sin dormir empiezan a ser cosa del pasado porque estamos seguros que nuestro Padre está obrando en favor nuestro. Esta seguridad es la que nos hace entonces decir, “En paz me acuesto y me duermo, porque sólo tú, Señor, me haces vivir confiado.” Salmo 4:8 (NVI) Para los que no conocen a nuestro Padre, la actitud de descando es indiferencia y llegan a decir, “A ti no te importa lo que pase”. La realidad es que sí nos importa, pero nuestra confianza está puesta totalmente en Dios.

Hoy es el día de re-enfocar nuestra vida y no permitir que las circunstancias externas obstaculicen la realidad interna que es mucho mayor, nuestro Dios. Aleluya.
Por: Javier

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