Su Amor Supera Todo

Posted by on Oct 14, 2012 in Artículos por Javier, Libertad | 0 comments

En muchas ocasiones sentimos como que no hemos hecho o dado lo mejor de nosotros en alguna situación. Es ahí cuando concluimos, desde nuestra perspectiva, que no somos aptos o capaces de realizar aquello para lo cual Dios nos llamó.

Esto ocurre porque nos enseñaron que Dios tiene expectativas de nosotros. Dios espera algo de nosotros. La verdad es que esto no es cierto. Dios NO tiene expectativa alguna de nosotros. Si la tuviera, no hubiera enviado a Jesús que luego fue procesado para ser nuestro “espíritu vivificante”. (1 Corintios 15:45) Las capacidades o aptitudes nuestras no importan ante Dios. Somos lo que somos por Su gracia. Si puedes comprender esto hoy, te garantizo que serás liberad@ de una gran carga en la vida.

La vida está llena de retos y situaciones que ponen a prueba nuestro carácter. Se presentan desafíos que nos llevan a los límites de nuestra resistencia. Muchas veces nos rendimos y decidimos no continuar. En otras, nuestros pensamientos nos conducen a enfocarnos correctamente y seguir hacia delante no importando las consecuencias.

No importa si decidimos de una u otra forma, mi Dios está presente en nuestras vidas. Una vez creímos y recibimos la vida de Dios en nosotros, no hay forma de desligarnos de ella. La vida de Dios nos tiene firmemente agarrados de ella. Esta realidad no está condicionada a nuestras decisiones o actuaciones.

Para algun@s esto puede sonar fuerte o hasta herético, pero la verdad es que el amor de Dios hacia el ser humano no depende de sus capacidades y/o decisiones. Su amor por nosotros supera por mucho lo que hacemos y lo que somos. De eso se trata la gracia de Dios. Se expresa y actúa en nosotros en las buenas y en las malas.

Un Dios de amor es difícil de comprender para muchos porque la enseñanza tradicional es que Dios bendice o maldice dependiendo de la obediencia de los humanos. Dios no es así. Se puede interpretar la Biblia de esta manera porque es la forma en que se ha enseñado por siglos.

Sin embargo, cuando vemos la forma de conducirse de Jesús mientras estaba en la tierra, vemos que el amor del Padre era la orden del día. Su amor hacia los sencillos y humildes, independientemente fuera hombre o mujer, era notable y hasta sorprendente.

El autor del libro de los Hebreos dice que Él es la expresión exacta de quién es Dios. Esto lo dice refiriéndose a Jesús. (Hebreos 1:3) Si hubiera una palabra que describiera el ministerio de Jesús en la tierra, sería amor.

Este amor del cual hablo hoy no está limitado. Mis decisiones y las tuyas no condicionan el amor de Dios. Este amor nos lleva a relacionarnos los unos con los otros. Se ríe con quien ríe y se llora con quien sufre. No se puede mandar u ordenar. Nace de una relación íntima con Aquel que ES amor.

Puede que no hayamos dado lo mejor de nosotros en alguna situación. Es posible. Eso ya no importa. El amor de Dios trasciende nuestro desempeño y logra aquello que desea por encima de nuestros defectos. Es ese amor en nosotros que nos ayuda a seguir mirando a Jesús aunque se sienta estar en un hoyo profundo.

Por supuesto que nos caemos, nos frustramos, nos entristecemos, pero por encima de todos esos elementos, está la presencia de nuestro Dios. Esa presencia nos ayuda a dar un paso más, una brazada más, un aliento más.

La gracia de Dios me enseña que mi desempeño no condiciona o limita el amor de Dios en mí. La unidad que tenemos con Él cruza los parámetros establecidos por el ser humano. Aunque afligido y angustiado esté, Su amor me llena y me sostiene. Hoy puedo decir con alegría de espíritu, “Su amor en mí es más dulce que la miel y más refrescante que agua fresca en el desierto.” Sólo Su gracia me ha sostenido…

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