Todo Comenzó y Terminó con… Un Árbol

Posted by on Nov 14, 2010 in Artículos por Javier, Libertad | 2 comments

Me he dado cuenta con el pasar de los años que el entender los procesos de la vida desde el principio hasta el final permite que se puedan apreciar los mismos. Este entendimiento abre la perspectiva que se tiene de Dios y de las cosas. A su vez esta apertura logra que seamos libres de conceptos y enseñanzas que han limitado y frustrado nuestra relación con Dios.

Tengo que reconocer que la tradición y las enseñanzas teológicas y religiosas tienen una fuerza increíble sobre aquellos que han sido expuestos a ellas por muchos años. Es mucho más sencillo compartir la verdadera vida y libertad que hay en Dios con alguien que no ha sido expuesto a tales enseñanzas. Los tentáculos de las tradiciones religiosas están incrustadas en lo más profundo de aquellos que participan de ellas y esto hace que se defienda a las instituciones, organizaciones y aun valores por encima de aquellos que son el objeto del amor de Dios.

Sin embargo, Dios usa las circunstancias con el propósito de que nuestros ojos puedan ser librados de las “escamas religiosas” con el propósito de que participemos de Él en una relación de libertad y de la misma manera compartamos la misma con otros y otras. (Job 42:5) Una vez estas “escamas” se caen y vemos claramente, podemos entender y ver todas las cosas desde una perspectiva divina permitiendo así que las experiencias de vida por las cuales atravesamos en la tierra nos acerquen a Dios y participemos de Su naturaleza, persona y carácter.

Me gustaría mucho que esto que voy a compartir traiga liberación y ánimo a aquellos que se sienten atrapados en el “hacer para Dios” y que están cargados por causa de cumplir con unas expectativas que realmente no existen de parte de Dios. Lo que voy a compartir está muy lejos de ser una enseñanza teológica, más bien es una experiencia de vida que ha producido que una carga haya sido levantada de mi vida al ver y comprender que Dios me ama por encima de todas las cosas y que todo lo que ha hecho, hace y hará es con el propósito de expresar y compartir su naturaleza conmigo. Esa naturaleza es sencillamente amor. Y es que fuimos creados para ser amados, amar y participar de ese amor en una forma activa y libre con Dios y con los demás.

Ahora, ¿cómo comenzó todo? Dios tenía un plan. Este plan era crear a alguien con quien compartir Su esencia, amor. Es por esta razón que crea al ser humano, para hacerlo partícipe de Su amor. Obviamente tenía que crear primero el sitio donde establecería a aquél que sería el objeto de Su amor. Es por eso que Dios crea el mundo visible, la tierra y todo lo que existe en ella. (Gén. 1:1-25) Dios preparó el “hogar” de aquél que viviría en su amor por siempre. Por último, crea al ser humano, o sea, a Adán. (Gén. 1:27)

Una vez es creado Adán, Dios lo pone a habitar en el huerto del Edén. En este huerto Dios había plantado en su centro dos árboles, el árbol de la vida y el árbol del conocimiento del bien y del mal. Estos dos árboles representaban dos estilos de vida completamente distintos y opuestos entre sí. Esta diferencia es bien importante. Noten que Dios los plantó en el centro del huerto. ¿Por qué en el centro? Porque aquel árbol del cual el hombre comiera produciría que el mismo gobernara, por decirlo de alguna manera, la vida y conducta del ser humano. O sea, el árbol del cual comiera el hombre definiría la identidad y conducta del ser humano.

Quiero hacer un paréntesis aquí para establecer algunas diferencias entre cada árbol. Uno de ellos es el árbol de la vida, o sea, brinda y comparte vida. No cualquier vida, sino la vida eterna, la vida de Dios. El fruto de ese árbol produciría que el ser humano participara de la vida eterna y esa vida, como dije antes, gobernaría todas las acciones de él. El árbol del conocimiento del bien y del mal ofrecía, valga la redundancia, conocimiento. Este conocimiento provocaría que el alma del hombre se inflara y viviera una vida de independencia. Lo que quiero decir es que el ego del ser humano crecería llenándose de conocimiento y no necesitaría de Su creador para vivir, sino que él mismo tomaría sus decisiones.

Es aquí donde viene la segunda diferencia. El árbol del conocimiento del bien y del mal llevaría al ser humano a vivir una vida independiente de Dios, mientras que el árbol de la vida provocaría una vida de dependencia de Dios. Obviamente, cada uno de estos estilos de vida trae consigo consecuencias que ahora no tengo el tiempo de discutir.

Tercero, la vida independiente que ofrecía el árbol del conocimiento del bien y del mal llevaría al ser humano a tomar sus decisiones por medio de un sistema de valores fundamentado en su propio criterio. O sea, su vida sería una donde el bien y el mal gobernarían sus decisiones. Esto trae consigo un problema bien grande, porque entonces las decisiones del ser humano estarían basadas en forma subjetiva tomando en consideración lo que “él” entendía estaba bien y mal. En otro momento abundaré sobre este tema.

Por otro lado, el árbol de la vida ofrecía un fundamento totalmente distinto en la toma de decisiones del ser humano. El árbol de la vida ofrecía tomar las decisiones por el ser humano y de esta manera la carga decisional estaba sobre el Creador todo el tiempo ya que la función del ser humano hubiera sido sólo depender y descansar en Aquél que decidía por él. En adición, las decisiones no hubieran estado fundamentadas en criterios humanos sino en Dios mismo. Por eso el que vive una vida de depencia de Dios no necesita el sistema de valores ya que la vida de Dios nos dirige a vivir fundamentados en el amor. Y donde el amor decide, no hay necesidad de algo más.

Hay otras diferencias pero por causa de tiempo y espacio no voy a abundar sobre ellas en este momento. Cuando escriba el libro sobre esto, abundaré al respecto. Tres diferencias menciono: (1) Vida y conocimiento; (2) Dependencia e independencia; (3) Decisiones basadas en el amor y decisiones basadas en un sistema de valores.

Dios, sabiendo la importancia y consecuencias que tenía la decisión que tomara el hombre de comer de uno de los dos árboles, le dice al hombre que no coma del árbol del conocimiento del bien y del mal. Claro que le advierte que si comía del mismo, moriría. Muchos han interpretado lo que Dios le dijo a Adán como una amenaza o que Él provocaría la muerte sobre el hombre si comía del fruto de ese árbol. Nada más lejos de la realidad, Dios estaba estableciendo la consecuencia inevitable si él comía del árbol del conocimiento del bien y del mal. Dios, siendo amor, le dice a Adán lo que pasaría si comía porque lo amaba de una manera única y especial. Esto es lo que todo padre, madre o amigo amoroso hace con aquellos que ama. Dios no estaba declarando juicio, Dios estaba manifestando amor. Recuerden, fuimos creados para ser amados, amar y participar de ese amor.

Lamentablemente el hombre decidió comer del árbol del conocimiento del bien y del mal. Esto trajo consigo unas consecuencias devastadoras para él y para “su hogar”, la tierra. Esta decisión produjo que el hombre se moviera al “centro” de su vida reemplazando aquel árbol que Dios deseaba que fuera el centro, el árbol de la vida. ¿Recuerdan que les dije que Dios plantó ambos árboles en el centro del Edén? Esto quiere decir que el hombre escogió empezar a vivir basado o “centrado” en el conocimiento y usando como fuente del mismo su alma. En el alma están los sentimientos, emociones y voluntad. Por lo tanto, éstos se convirtieron en los gobernantes y jueces del ser humano en todos sus asuntos provocando una vida donde Dios no es necesario para vivir y tomar decisiones en la vida diaria. O sea, el hombre empezó a vivir una vida “independiente de Dios” donde sus sentimientos, emociones y criterios gobiernan sostenidos en un sistema de valores creado por el ser humano mismo dependiendo de su “conocimiento”. Además de que trajo con su decisión el virus de la muerte para todo ser humano. El árbol del conocimiento del bien y del mal fue el comienzo de un tiempo de dolor y desesperanza para toda la raza humana.

Ahora bien, todo esto no tomó por sorpresa a nuestro Dios. ¿Se acuerdan que les dije que Dios tenía un plan? Pues este plan incluía el que el ser humano tomara la decisión incorrecta y comiera del fruto del árbol del conocimiento del bien y del mal. Quiero dejar claro que Dios no provocó o causó que el hombre pecara, pero estaba preparado para remediar la situación y erradicar el virus que se propagó por causa de la incredulidad de Adán. La muerte, el dolor y el sufrimiento comenzaron por un árbol y ya Dios había preparado otro árbol para poner fin a la muerte, al dolor y al sufrimiento. El amor de Dios hacia nosotros no podía permitir que una decisión equivocada condenara eternamente a aquellos que Dios creó para amar.

Alrededor de cuatro mil años después de Adán haber comido del fruto incorrecto, Dios tenía listo un árbol donde pondría fin a una vida fundamentada en el conocimiento, las emociones y sentimientos. Dios pondría fin a una vida de independencia centrada en el bien y el mal. Dios decidió encarnarse y habitar entre los hombres con el propósito de erradicar de una vez y por todas el virus que el “primer Adán” propagó. (1 Cor. 15:45) Esto decide hacerlo tomando forma de hombre, y estando en la condición de hombre, se humilla hasta lo máximo. Se despojó a sí mismo y se hizo sirviente de aquellos que ama con el propósito de atraerlos hacia Él por medio de ese amor.

¿Cómo Dios lograría que el hombre entrara en el círculo de Su amor y así cambiar de una vez y por todas el centro y fundamento de su vida? Sencillo, eliminando la raíz y causa del virus, la naturaleza adámica. Pablo le llama a esto el viejo hombre. La naturaleza de Adán ha estado impregnando a cada ser humano que nace con el virus mortal del pecado y de esta forma provocar que desde que se nace se viva a base del conocimiento y decisionalmente independiente, fundamentado en el bien y el mal. Es por eso que Dios va a la raíz del problema y lo lleva a un árbol. De esta forma, en el madero donde Jesús muere, haciéndose maldito por esa causa, (Gálatas 3:13) Dios termina para siempre con la raza adámica, portadora del virus, que evitaba que pudiéramos ser participantes del amor de Dios.

Dios también establece un nuevo centro para el ser humano, la vida de Dios. La vida eterna, la vida de Dios que no tiene principio ni fin, se convierte en aquello que gobernaría al ser humano haciéndolo dependiente del Creador por medio de Cristo. También esa vida eterna, fundamentada en el amor de Dios, servirá como árbitro para que todas las decisiones de la nueva raza, la de Cristo, sean tomadas basadas en el amor y no en un sistema de valores de bien y mal. Esto lo hizo Dios una vez y para siempre. Por eso cuando Jesús está en el madero dice al final, “Está terminado.” ¿Qué estaba terminado? ¿Qué había sido consumado? La raza de Adán con su virus maligno había sido exterminada por medio de aquello que el enemigo usó para contaminar a toda la humanidad. Por un árbol entró el pecado y la muerte; por un árbol Dios trae redención y vida para toda la humanidad. ¡Qué clase de Dios tenemos!

La pregunta ahora es, ¿qué tiene que ver todo esto conmigo? Dios anhela que seas parte, no sólo de obtener la vida eterna donde tu futuro está garantizado, sino de un estilo de vida nuevo y diferente donde Su gracia, amor y vida gobiernan y sostienen nuestras vidas reconociendo que sin Él nada podemos hacer o lograr. Por mucho tiempo muchos creyentes ya han recibido la nueva vida por gracia por medio de la fe, pero en sus vidas prácticas siguen actuando como si todavía tuvieran al viejo hombre. Están tratando de “agradar” a Dios tratando de hacer lo bueno y rechanzando lo malo. Esto no es lo que Dios quiere porque vivir de esa forma es vivir basado en el árbol del conocimiento del bien y del mal. Dios desea que creas y reconozcas que estás muerto porque el viejo hombre, la vieja naturaleza, fue crucificada en un madero. (Rom. 6:6, 11) Dios no ha cambiado tu vida, Dios ha intercambiado tu vida por la de Él con el propósito de que no dependas de tu conocimiento, emociones o sentimientos en tu vida diaria, sino que descanses en Aquél que ES tu vida y te sostiene para que vivas abundantemente, aun cuando las situaciones de la vida se pongan difíciles.

La muerte entró por un árbol, pero otro árbol fue el escenario para que la vida triunfara sobre la muerte, la dependencia sobre la independencia y el amor sobre el bien y el mal. YESSS!!!

Por: Javier

2 Comments

  1. Pastor !!!!!!! me facino, no puedo creer que leí tanto. Y es tan cierto lo que dices, de que uno trata de agradar a Dios rechazando lo malo y haciendo lo bueno; es que eso fué lo que se nos enseñó, y es tan y tan dificil sacarlo de nuestro sistema; me facinó Pastor. Dios te continue bencdiciendo.

  2. Estimado en Cristo Javier,

    Me ha encantado el artículo “todo …comenzó en un árbol.- Creo sinceramente que todo comenzó en la envidia de Lucifer, con el hombre.-Lucifer no pudo soportar que siendo un ángel de luz,él no pudiera participar de la Creación de Dios, en el creced y multiplicaos, en el punto de comunión entre el hombre y la mujer, que uniéndose desaparecen y crean nueva vida.-SENCILLAMENTE NO LO SOPORTO Y SE REBELO CONTRA DIOS Y SEDUJO A EVA(QUE NO HABÍA RECIBIDO EL MANDATO DE NO COMER POR PARTE DE DIOS,SOLO LO HABÍA RECIBIDO ADAN)QUE SEDUJO A ADAN y Dios fue derrotado por segunda vez(la primera por la rebelión de Lucifer y su grupo).-Dios Padre sabía que podía pasar esto y pasó desde el principio de su creación.-Fue un segundo fracaso.-Y por su amor incomprensible, y de una dimensión incomprensible para nosotros los humanos, no nos abandonó.- Y SE ENCARNÓ EN NUESTRA CARNE PARA MORIR EN LA CARNE CRUCIFICADA EN EL OTRO ARBOL PARA DARNOS SU ESPIRITU SANTO, QUE NOS DA AMOR Y AMOR ES VIDA ETERNA.- Sin la noche de Navidad, no se entiende la noche de Pascua y sin la noche de Pascua de Resurrección no se entiende la PRINCIPAL NOCHE: La noche de la Pascua de Pentecostés.-Sin la venida en tu noche del Espíritu Santo, tú, yo, el que sea, no ha resucitado.-Lo que te hace pasar de llamado a elegido es la noche de Pentecostés, ya que no hay QUE SER NADA EN ESTE MUNDO(eL NOS HA HECHO:HIJOS ADOPTIVOS, HERMANOS .AMIGOS Y ESPOSAS)no hay que tener NADA(QUIEN TIENE A DIOS NADA LE FALTA) y NO HAY QUE HACER NADA(porque todo esta consumado).-Los católicos celebramos la Eucarístia sin darnos cuenta que vamos al gran banquete de la Eucarístia, no sólo a celebrar la muerte de Cristo, sino nuestra propia MUERTE, para poder RESUCITAR CON EL Y EN EL Y POR EL.-Es en la Resurrección que el hombre es libre, verdadero, dice siempre la verdad y alegre porque sabe que el Señor le juzgará no por si era CREYENTE O NO, sino a cuántos amó, sin esfuerzo.- Realmente todo lo que ha hecho el Señor(la Santísima Trinidad) es una maravilla.-Sólo el sufrimiento de purificación nos hace dudar.-

    Gracias por este artículo.-

    Esteve

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