Transformados En Su Amor

Posted by on Jun 18, 2012 in Artículos por Javier, Vida Práctica | 0 comments

butterflyTratar de acelerar el proceso de una oruga para que se convierta en mariposa lo echa a perder. Tratar de ayudar a un águila a que su pico y plumas sean transformados es una pérdida de tiempo.

Cada cambio en la vida tiene su proceso y transformación particular. Dios tiene su manera de producir cambios también y no es como creíamos.

El mundo se encuentra en un cambio continuo. El cambio es parte de la vida del ser humano. La transformación es una constante en la vida terrenal.

Deberíamos estar acostumbrados a los cambios. La verdad es que uno jamás se acostumbra a los mismos. Los cambios asustan por el desconocimiento e incertidumbre de lo que acontecerá.

Sin embargo, hay una constante que puede crear una atmósfera de paz en medio de los cambios. Hay quien puede producir tranquilidad en los momentos de mayor incertidumbre.

La Paz Personificada

Jesús dijo, “Les dejo la paz, mi paz se la doy. Una paz que no es la que el mundo da. No vivan angustiados ni tengan miedo.” (Juan 14:27)

En medio de los cambios, la presencia de nuestro Dios produce una experiencia de descanso en Él mismo. Si se trata de manufacturar, la experiencia se echa a perder como con la oruga y el águila.

La relación de intimidad y conocimiento por experiencia del Padre hace que su paz trascienda la incertidumbre del cambio. No se puede explicar y tampoco se puede enseñar. Hay que vivirlo. Vivirlo apasionadamente siendo cautivado por el amor de Dios.

El Amor que Transforma

En muchas ocasiones se tratan de cambiar aspectos de nuestras vidas. Esto es un intento infructuoso. No tenemos la capacidad de cambiar algo en esta vida. Nos hicieron creer que podíamos. En realidad, es imposible.

Los cambios son provocados, procesados y finalizados por Dios. Muchos creen que pueden cambiar una enfermedad. Otros creen que pueden cambiar su carácter. Algunos creen que pueden mejorar su matrimonio. Aun otros creen que pueden cambiar su futuro.

Esto es imposible. Mientras más rápido entiendas esto, más rápido serás libre del grillete del tratar de cambiar.

El amor de Dios es el único que puede producir verdaderos cambios permanentes y eternos. Dios es amor. Él nunca cambia. Siempre ha sido, es y será amor. Si mi percepción de Dios es que en algunos momentos no manifiesta ese amor, algo está incorrecto con mi percepción.

El amor de Dios siempre nos llevará por el camino de la transformación con ternura y cariño. La religión presenta a un Dios exigente y poco tolerante con las fallas. Ese no es Dios. La Biblia dice que el amor es paciente. Dios es amor. Dios es paciente.

Esa manifestación del amor de Dios nos permite confiar y vivir en libertad sabiendo que nuestras acciones no cambiarán la forma de ser de Dios. Y aunque las transformaciones no se logren en la forma que yo deseo, sé que es lo mejor para mí porque me ama eternamente.

Su amor tiene la capacidad de transformarnos sin que tengamos que cumplir con requisitos establecidos por hombres. Ese amor hace que nuestra vida de arrastre en esta tierra sea cambiada por una vida en las alturas. No hablo de lo material. La vida en las alturas es una vida saturada por la persona de Cristo.

Transformados a Su Imagen

Las circunstancias que me rodean no determinan el amor de Dios hacia mí. Ni siquiera mi desempeño lo determina. Dios en Jesús ya determinó amarme y por medio de ese amor transformarme a la imagen de Él mismo.

El carácter de Dios yo no lo alcanzo con determinación, compromiso y entrega como enseña el mundo. El carácter de Dios es el resultado de haber sido afectado e impactado con Su amor en una manera íntima y única.

Es ese amor que nos hace dormir en la tormenta. Es ese amor que nos levanta cuando caemos. Es ese amor que nos consuela cuando estamos angustiados. Es ese amor que nos lleva a la cúspide de la satisfacción cuando estamos alegres. Es ese amor que nos transforma sin obligaciones ni condiciones.

Hoy es un buen día para tener conciencia del amor de nuestro Dios en y por nosotros. En su amor somos cambiados, pero sobre todo, en Su amor somos amados.

No trates de lograr algo. Pon tu mente en Dios y deja que Su amor haga lo que tú no puedes. Empieza con un paso pequeño. Cuando te acuerdes de Dios, dile que lo amas. Lo que significa para ti. Poco a poco Su amor te irá sumergiendo en una vida de mayor conciencia. Donde no veías a Dios, entonces vas a empezar a verlo.

Su amor irá provocando en ti un deseo más intenso de conocerlo a medida que das pasos pequeños. Él lo va provocando en ti. Dios tiene muchos más deseos que tú de que experimentes la transformación de Su amor.

Deja que Él te lleve. Este no es un proceso de días, semanas, meses o años. Este es un proceso de toda la vida. No te desesperes. Cuando empieces a experimentarlo, entrarás en el lugar donde no hay tiempo ni espacio.

Un poco ahora, un poco después. Cuando vengas a darte cuenta, tu vida transformada va a estar sumergida en el océano del amor de Dios. Y ahí podrás decir por experiencia, “Para mí el vivir es Cristo porque ya no vivo yo, Cristo vive en mí.

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