Un Imán Incomparable

Posted by on Feb 23, 2012 in Artículos por Javier, Libertad | 0 comments

Las leyes físicas en la tierra establecen que todas las cosas están siendo atraídas hacia el centro. Por eso es que existe la fuerza de gravedad. Mientras uno se aleja más del centro, menor la fuerza de atracción. Cuando uno está en el tope de una montaña, el peso es menor porque la fuerza de gravedad es menor. Cuando uno está al nivel del mar, el peso es mayor porque está más cerca del centro. (Esto puede ser un secreto para rebajar. Es mejor vivir en la montaña.)

Este es un ejemplo sencillo de una realidad poderosa que gobierna nuestras vidas. Dios es el centro de todo. Su amor está constantemente atrayéndonos hacia Él. En la misma forma en que no hay forma de “apagar” la atracción hacia el centro de la tierra, no hay forma de “apagar” la atracción hacia nuestro Dios. El amor de Dios está constantemente ejerciendo una fuerza sobre nuestras vidas para acercarnos a Él.

La ciencia enseña que mientras más grande sea el objeto, mayor la fuerza de atracción. No hay nada ni nadie más grande que Dios. Él es el todo en todos. (1 Corintios 15:28) Esto quiere decir que Su fuerza de atracción supera cualquier obstáculo, visible o invisible, para que nos acerquemos y participemos de Su amor.

Oseas 11:4 dice, “Con lazos de ternura, con cuerdas de amor, los atraje hacia mí; los acerqué a mis mejillas como si fueran niños de pecho; me incliné a ellos para darles de comer.”

¿Hay alguna condición?

El desempeño nuestro no determina la atracción hacia Dios. Su amor está ejerciendo ese acercamiento independientemente de las acciones nuestras. La religión se ha encargado de poner condiciones para ese amor. En realidad no hay condiciones para la manifestación de ese amor. De hecho, en las iglesias no hay problema en recibir a una persona pecadora y “amarla” hasta que acepta a Cristo. Sin embargo, una vez acepta a Jesús en su vida, le exigen que tiene que vivir de cierta forma para que Dios siga amándolo o amándola.

Por supuesto que no se le dice de esa forma, pero se utiliza el elemento de la culpa para establecer que el amor de Dios está condicionado en su vida. De hecho, se han diseñado las “disciplinas” para “purificar” a aquellos que han pecado dentro de las congregaciones y puedan ser “aptos” para “ministrar” del amor de Dios. Nada más lejos de la realidad. Los que pasan por estos procesos, en su mayoría, terminan rebeldes porque lo menos que han experimentado es amor.

¿Por qué los drogadictos, alcohólicos, pecadores son bien recibidos en las iglesias, pero los que están dentro son rechazados cuando pecan? ¿La fuerza de atracción de Dios es distinta para unos y otros? ¿Esa fuerza de atracción está limitada a vivir “en santidad“?

El mejor ejemplo de atracción incondicional es la parábola del Padre amoroso (Parábola del hijo pródigo). Cuando el hijo regresa, y siempre fue hijo, el Padre lo abraza y lo besa incansablemente porque las acciones del hijo no pudieron limitar u obstaculizar el amor del Padre hacia él.

La fuerza de atracción del amor siempre estuvo en función. Dios dijo a través del profeta que nos atrae hacia Él con cuerdas de amor. No hay fuerza más poderosa en el universo que el amor. Lo grandioso de esta realidad es que no hay sentimiento de culpa o acción que pueda detener esa atracción maravillosa hacia nuestro Padre.

En la mente de los religiosos esta verdad es molestosa porque no pueden concebir a un Dios que ame no importando lo que el hijo o hija haga. Más aún, no pueden tolerarse a ellos mismos cuando fallan y se auto penalizan porque piensan o creen que Dios dejó de atraerlos. Un buen ejemplo lo es el hermano mayor del hijo pródigo. Se abstuvo de participar de la fiesta con el Padre por causa de la mentalidad limitante y castrante con relación al amor del Padre. Incluso a esos, el Padre atrae para que participen de Su amor en libertad.

Es maravilloso saber y entender que el amor de Dios nos está atrayendo al Padre todo el tiempo. No sólo eso, nuestra acciones no limitan u obstaculizan ese amor hacia nosotros. No sólo eso, ese amor está fusionado a nuestro espíritu y no tenemos que buscarlo fuera de nosotros. No sólo eso, ese amor es fiel ante todas las situaciones que se nos presenten. No sólo eso, ese amor nos ha hecho más que vencedores porque estamos sentados, incrustados y fusionados con Aquel que es el centro de todas las cosas.

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