Una Paz Diferente

Posted by on May 4, 2012 in Artículos por Javier, Vida Práctica | 0 comments

En un mundo de turbulencia, la paz es imperativa para algunos; buscada por muchos; necesitada por todos. En un mundo imperfecto nos ha sido enseñado que tenemos que esforzarnos para alcanzar las metas. Y hay que esforzarse más para alcanzar lo mejor.

La paz es algo que escasea en el mundo que vivimos y tratamos de esforzarnos para alcanzarla. Tomamos medidas de precaución en nuestros hogares con el fin de descansar tranquilos, o por lo menos, tratar. A veces lo logramos, pero en otras ocasiones no.

Las causas pueden ser múltiples para no experimentar la paz. El exceso de trabajo produce un cansancio que se hace difícil lograr esa paz porque aun cuando llegas a tu casa, el trabajo está en la mente durante la noche. En otras ocasiones, pueden ser problemas personales que no se resuelven o que llevan mucho tiempo siendo parte de nuestras vidas diarias.

También está la preocupación por el futuro, que está muy de moda debido a que la incertidumbre económica mundial causa preocupación y “stress” en la vida de las personas. Por otro lado, está el temor de salir a algún sitio porque no se sabe cuando una bala estará rondando cerca de uno o ser atacado por alguien.

Podría seguir enumerando distintas razones para no experimentar la paz, pero no es necesario. ¿Habrá algún remedio que no sea escapar a una galaxia distante donde ninguno de estos problemas existan?

Todo fue hecho nuevo

Cuando Jesús murió y resucitó hizo todo nuevo. Esta es una realidad sabida por muchos, experimentada por pocos. Yo tenía un profesor de Biblia que decía, “Todo quiere decir todo y eso es todo lo que todo quiere decir.” En pocas palabras, todo lo incluye TODO. El destino de los que creen fue cambiado. Fuimos librados del pecado. La forma de vivir fue cambiada. La mente fue cambiada. El corazón fue cambiado. En fin, todo fue cambiado por “Algo” nuevo.

La forma en que se vivía antes de Él resucitar, quedó obsoleta totalmente. Hebreos 8:13 dice “Cuando Dios habla de un «nuevo» pacto, quiere decir que ha hecho obsoleto al primero, el cual ha caducado y pronto desaparecerá.”

¿Por qué todavía se enseña y se vive tratando de alcanzar las cosas? Todavía se enseña esto porque no se ha comprendido ni experimentado que hay algo nuevo establecido por Dios. La forma del viejo pacto está obsoleta y ha caducado. No tenemos que seguir “esforzándonos” para alcanzar y lograr metas.

El esfuerzo era necesario antes porque la Vida de Dios no habitaba permanentemente dentro del ser humano. Ahora no es así. Cuando uno recibe a Jesús como Vida, el motor por el cual se vive es uno nuevo totalmente. No hay que empujar el carro de la vida, hay que montarse y permitir que el carro lo lleve a uno. No tratando, confiando.

El río de Vida

Quiero explicar y dar nueva luz con relación a lo que somos ahora de tal manera que se pueda recibir lo que quiero compartir. Nos habían enseñado que la iglesia está compuesta por todos los que han recibido a Jesús en sus vidas. Y que la iglesia es la novia del Cordero. La cual será la esposa del Cordero. Esto es así porque hay muchos lugares en la Escritura que hacen referencia a esta verdad.

Nos habían enseñado también que la Santa Ciudad, la nueva Jerusalén, mencionada en Apocalipsis 21 era el cielo. El lugar donde iríamos a morar cuando saliéramos de esta Tierra. Sin embargo, cuando se lee cuidadosamente este capítulo, vemos que no se refiere al cielo, sino que la ciudad es ¡LA IGLESIA! (Apocalipsis 21:9-10)

La nueva Jerusalén es el cuerpo de Cristo. O sea, todos los creyentes en Jesús componen lo que es la Santa Ciudad. Por eso es que en ella no hay templo. (Apocalipsis 21:22) Somos la habitación de Dios. (1 Corintios 3:16; 2 Corintios 5:1)

¿Por qué comparto esto? Porque dice en Apocalipsis 22:2 que en la ciudad, que ya sabemos que somos los creyentes, había un río que fluía por el medio de ella y el Árbol de la Vida estaba a ambos lados del río produciendo fruto en cada mes del año.

Esto, mi hermano y amigo, no es en tiempo futuro. Esto es ahora porque Jesús ya estableció todo nuevo y El Eterno, el Yo Soy que trasciende los tiempos, vive en nuestras vidas. Ese río está fluyendo ahora mismo con el Árbol de la Vida a ambos lados. Estamos cubiertos por ese árbol que produce el fruto porque SOMOS LA SANTA CIUDAD, LA NUEVA JERUSALEN.

Noten cómo dice que el árbol es quien produce el fruto, no es la ciudad. Por lo tanto, no hay que esforzarse para producir la paz que anhela nuestro ser en un mundo de violencia. Hay que tener conciencia del río que fluye (Juan 7:38-39) y el árbol que da el fruto. (Gálatas 5:22-23) Ese río que nutre al árbol, el espíritu vivificante que dice Pablo, (1 Corintios 15:45) sale de nuestro interior, de nuestro espíritu, para darnos el fruto necesario hoy y siempre.

Observa cómo dijo el salmista cuando dijo, “En paz me acostaré, y asimismo dormiré; Porque sólo tú, Jehová, me haces vivir confiado.” (Salmo 4:8) Es Dios quien produce que se viva confiado. Dios es nuestra paz, por eso me acuesto y duermo en paz. Dios produce el fruto de paz en mí porque la confianza del Hijo, que está en mí, me permite participar de ella.

El Río fluye por el centro de nuestro ser y el Árbol produce el fruto en nuestras vidas. ¿Qué más deseo en la Tierra? Sólo a Ti, mi Jesús, mi Paz.

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