Viviendo En Su Amor

Posted by on Jun 3, 2012 in Artículos por Javier, Libertad | 0 comments

En esto consiste el amor verdadero: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros y envió a su Hijo como sacrificio para quitar nuestros pecados.” 1 Juan 4:10

Uno de los conceptos más deteriorados con el pasar del tiempo es el concepto del amor. Se habla con frecuencia del amor, pero se desconoce totalmente qué es y cómo funciona.

Permítame compartir una perspectiva diferente del amor. Si usted es capaz de entender lo que digo, hay una alta probabilidad que su vida dé un giro de 180 grados transformando todo su ser.

El pasaje bíblico inicial muestra que el amor tiene su origen en Dios. Cabe señalar que dos versículos antes del mencionado dice que Dios ES amor. Esto explica por qué el amor verdadero consiste en que Él nos amó primero. Nuestro Dios no puede hacer otra cosa que no sea amar.

Dios en su ternura nos ama con un amor eterno. Observa cómo dice en Jeremías 31:3, “Yo te he amado, pueblo mío, con un amor eterno. Con amor inagotable te acerqué a mí.” Este pasaje es maravilloso porque dice que Dios con su amor infinito nos acerca a sí mismo.

Esto quiere decir que no es que yo tengo que amar a Dios y tratar de cumplir con el mandamiento de amarle. Dios nos enamora y nos atrae a Él mismo. Muchos usan el mandamiento de amar a Dios con todo tu corazón, tu mente, tus fuerzas para agradar a Dios.

El amor no es ni podrá ser un mandamiento. Es imposible obligar a alguien a amar. Hemos estado leyendo el mandamiento al revés. Dios no dio el mandamiento para cumplirlo, sino para probar que era imposible cumplirlo.

El ser humano quiso demostrar que podía agradar a Dios por medio de sus acciones. Esto es imposible, pero la carne siempre dice, “Se puede.” Voy a ilustrar esto con un evento deportivo. Vamos a suponer que la demostración de amor hacia a Dios es como el evento de salto a lo alto.

Dios trata de detener esta locura, pero el ser humano decía, “Yo puedo.” Así que Dios decide jugar el juego del ser humano. El hombre establece que si salta la vara a cuatro pies de altura, eso agrada a Dios. Pero Dios le dice, “No, cuatro pies no es suficiente para agradarme. Debes saltar cien pies de altura.” El hombre piensa, “¡¡¡Cien!!! Eso es imposible, pero voy a tratar. Quizás algún día lo logre.” Todas las semanas, culto tras culto se estimula a amar como Dios. Lee bien lo que digo, ¡ES IMPOSIBLE!

Saltar la vara a cuatro pies es lo que piensa el ser humano que tiene que hacer para agradar a Dios con sus “buenas acciones y tratar de amarlo.” Parece posible hacer eso. Sin embargo, Dios le aclara con el mandamiento, “Amarás al Señor, tu Dios…” que la verdad es que tiene que saltar cien pies para agradarlo. Lo que Dios está diciendo, “Es imposible para ti cumplir con mis requerimientos, si no lo hago yo, es imposible hacerlo. Sólo yo puedo saltar cien pies de altura.”

Ves, el mandamiento no fue para que se hiciera, fue para demostrar que no se podía hacer. Dios, por medio de Jesús, enseña el “nuevo mandamiento,” “Este es mi mandamiento: ámense unos a otros de la misma manera en que yo los he amado.” (Juan 15:12)

La forma de Dios no empieza con nosotros. No es lo que nosotros hagamos, es lo que Él hace primero. El amor empieza y termina en Dios. Jesús dijo que en la forma en que se experimente Su amor, en esa misma forma se manifestará el amor hacia los demás. Si yo no experimento Su amor, no puedo amar a otros.

El verdadero amor no es que amemos a Dios y luego a los demás. Esto es imposible. La manera de Dios es amarnos, nosotros experimentamos Su amor y como consecuencia brota de nosotros el mismo amor que experimentamos. No es un evento decisional que sale de nuestra mente. Es una experiencia transformadora que ocurre en nuestro espíritu.

¡Qué Dios más extraordinario tenemos! Vivir en Su amor es tener conciencia de que somos amados en forma especial todo el tiempo. No hay nada que yo pueda hacer que cambie la forma en que Dios me ama. Su amor nos asegura por la eternidad. Por eso Pablo dijo con certeza y convicción de espíritu,

Y estoy convencido de que nada podrá jamás separarnos del amor de Dios. Ni la muerte ni la vida, ni ángeles ni demonios, ni nuestros temores de hoy ni nuestras preocupaciones de mañana. Ni siquiera los poderes del infierno pueden separarnos del amor de Dios. Ningún poder en las alturas ni en las profundidades, de hecho, nada en toda la creación podrá jamás separarnos del amor de Dios, que está revelado en Cristo Jesús nuestro Señor.” Romanos 8:38-39

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *