¿Y Qué del 10%?

Posted by on Ago 13, 2017 in Artículos por Javier, Libertad, Vida Práctica | 0 comments

He tenido personas que me han preguntando con relación al diezmo. Pues aquí voy…

En mi bella isla, Puerto Rico, estamos pasando por una crisis económica bien severa. Muchas personas están saliendo de la isla para encontrar una bonanza económica en otros países. Para algunos ha sido bueno, para otros no ha sido tan bueno. Para los que hemos decidido quedarnos en nuestra isla, buscamos maneras a través de las cuales nos ahorremos lo más posible cuando se trata de adquirir productos o servicios.

Para tratar de superar la crisis el gobierno ha aumentado la tasa de impuesto sobre la venta. El impuesto que se paga sobre la venta en Puerto Rico actualmente es de 11.5%, un poco más de lo que se ofrenda en las congregaciones locales, 10%. Es sumamente alto en comparación con otros países del mundo. Es una obligación pagar el impuesto al gobierno. No es una opción del ciudadano pagarlo o no. Es su responsabilidad, se dice.

Se supone que el gobierno utilice ese dinero para sufragar los gastos operacionales y los servicios que se ofrecen a la ciudadanía. El utilizar incorrectamente este dinero produce que los servicios que se ofrecen se afecten. Los empleados no reciban la paga correspondiente a sus labores y las operaciones gubernamentales sean mediocres, hablando de manera optimista.

¿Por qué estoy hablando de todo esto? Porque quiero hacer una comparación entre los impuestos que los ciudadanos pagan en los países y el diezmo que se recoge en las congregaciones locales. Mientras que el impuesto lo pagan al gobierno todos los que quieren adquirir productos o servicios. El diezmo no es otra cosa que un impuesto que pagan los asistentes o miembros de las congregaciones locales. Es completamente opcional, pero muchos enseñan al respecto como una obligación, responsabilidad y/o bendición.

El diezmo habla de un 10%. En la Biblia encontramos que el diezmo es una forma de expresar dos cosas básicamente: gratitud y responsabilidad. La primera está fundamentada en el nuevo pacto aplicable a la nueva creación en Cristo. Y la segunda está fundamentada en el primer pacto, la cual no es aplicable a la nueva creación en Cristo.

Mi intención con este escrito no es crear controversia. Por el contrario, mi deseo es que muchos de los que leen puedan recibir luz con relación a este tema. Hay muchas personas que no experimentan libertad en cuanto a esto porque se sienten culpables ante la imposibilidad de poder cumplir totalmente con las exigencias del diezmo en las congregaciones locales.

Quiero aclarar de salida que yo creo firmemente en el dar y en sembrar. Esto no está en discusión. Lo único que quiero establecer es que no hay ningún fundamento bíblico para exigirle a las personas a dar un 10% de sus bienes a una organización.

La primera vez que se menciona el diezmo en la escritura es en Génesis 4 cuando Abram volvía de haber vencido a algunos reyes y se encuentra con Melquisedec. Melquisedec es una representación de Cristo. Esto es explicado en el libro de Hebreos. Abram le da el 10% de sus bienes a Melquisedec en gratitud, no por responsabilidad.

Aunque esta experiencia es narrada en el Antiguo Testamento, su fundamento es el nuevo pacto en Cristo. Fue una manifestación profética de la gracia. Abram no tenía que dar par ser bendecido, fue bendecido aunque no diera. La bendición no vino como consecuencia de dar. Porque fue bendecido antes de dar, él dio. Esa es la gracia, un regalo. La bendición de Abram no estaba basada en sus acciones. Estaba basada en el Dador de la bendición. La bendición fue dada porque el Dador así lo quiso.

Nuestra salvación no está basada en nuestras acciones o nuestra respuesta a ella. La salvación es un regalo a la humanidad porque el Dador de ella así lo dispuso desde antes de los tiempos. Como respuesta a ese hecho, compartimos y damos a otros en gratitud.

Luego vemos que Moisés habla del diezmo y a través del Antiguo Testamento vemos que se habla del diezmo con el único propósito de poder sostener a aquellos que estaban dedicados a las labores sacerdotales.

¿Usted cree que Dios necesita dinero o bienes materiales? Por supuesto que no. La razón por la cual Dios instituyó el impuesto de 10% fue para sostener a la tribu de Leví. En la misma forma en que los gobiernos establecen un sistema de impuestos en productos, bienes y servicios, Dios se adelantó a los tiempos y estableció un sistema para proveerles a aquellos que rendían una labor sacerdotal.

Muchos usan versos bíblicos para imponerle estos impuestos a la nueva creación en Cristo. Podríamos estar interpretando versos para estar a favor o en contra del 10%. Algunos usan Malaquías 3:10 para imponer sobre los creyentes un sentido de culpa al hacerles creer que le están robando si no dan el diezmo en la congregación local. Esto no es cierto. Nadie le roba a Dios porque todo es de Él.

Otros usan Mateo 23 y Lucas 11 para establecer que debemos seguir la justicia, misericordia y fe sin “dejar de hacer aquello”. Jesús les estaba hablando a los escribas y fariseos porque eran religiosos. Y creían que con el diezmo compraban a Dios, aunque no les importaban los demás seres humanos.

Jesús no está enseñando del diezmo en este pasaje, está enseñando del amor. El dar sin amar no tiene sentido. Sin embargo, el amor verdadero siempre nos lleva a dar. Cuando hemos experimentado el verdadero amor no damos el 10% solamente, damos más por agradecimiento, no por responsabilidad. Ante la crisis que se vive, igual que el gobierno aumenta los impuestos, las organizaciones han puesto más presión en los asistentes a sus congregaciones haciéndoles creer que si no dan el 10% le roban a Dios. ¡Esto no es cierto!

Otros han desarrollado un acercamiento distinto. En vez de temor, usan la palabra mágica, bendición. Dicen, “Si das el 10%, Dios te devolverá multiplicado.” Hasta lindo se oye y usan versos bíblicos para reforzar “su verdad”. A algunos le brillan los ojos y se les eriza la piel al contabilizar de cuanto recibirán de vuelta al dar sólo el 10%. Me imagino que hasta se les sale, “¡Gloria a Dios, siento su presencia!”

Dar no rompe la maldición de la pobreza – el cuerpo roto de Jesús lo hizo.

– John Crowder- (Mystical Union)

Dios no está en un negocio de vender la bendición por un 10%, ni por ningún porciento, valga la aclaración. Esto es pura manipulación. La bendición tiene un nombre, Jesucristo. Él es toda la bendición del ser humano.

Estoy convencido de que el diezmo no es una responsabilidad de la nueva criatura en Cristo. Igualmente creo plenamente que el dar es voluntario y no está limitado por un número o un porciento. El dar es una expresión de amor que nace en respuesta al haber experimentado el amor de nuestro Amado.

Yo creo con todo mi corazón que si se enseña sobre la verdad de Dios en cada uno y se experimenta Su amor desde adentro, no hay necesidad de pedir. El dar sería la manifestación diaria del amor de Cristo en cada uno y no se limitaría al dinero. Sería mucho más abarcadora la expresión de amor.

Si a una persona no le da lo que gana para comprar para sus necesidades básicas, ¿Cómo se le va a exigir que dé el 10% a una institución porque si no, le está robando a Dios? ¿Qué clase de Dios es ese? Les voy a decir, es un dios religioso imaginario y que no es el verdadero y amoroso Dios.

Si usted ve a una persona en necesidad y quiere darle para suplir esa necesidad, dé sin temor. Si la organización no recibe ese dinero, no se preocupe, no le está robando a Dios. Igualmente, si usted quiere dar a la organización, no sólo el 10%, sino más de eso, dé igualmente sin temor.

Su bendición no depende de lo que usted da. Usted ya es 100% bendecido porque la Vida, Padre, Hijo y Espíritu Santo, en su totalidad vive permanentemente en usted por la eternidad. No damos para ser bendecidos; por el contrario, porque somos bendecidos, damos.

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